Había un niño, yo lo conocía,
que tenía en los ojos una ferretería de fantasía.
No quería ser médico, ni cura, ni soldado,
quería ser papalote, así, de lado.
Subía, subía y subía,
con un viento de esperanza que él mismo se inventaba,
mientras la gente abajo, ¡qué tontería!,
solo miraba el suelo y no se enteraba.
Creció en un mundo de algodón y de ilusión,
haciendo caso solo a su propio corazón.
Pero la vida, que es una señora muy seria,
le dijo: «Oye, niño, que aquí manda la miseria».
Y el lirismo, ¡ay!, el lirismo,
es un billete falso en el abismo.
Porque la vida no es juguete, ni es canción,
es un señor muy gordo que no tiene perdón.
El niño quiso ser vuelo, quiso ser altura,
para explicar que vivir no es solo una factura.
Que no solo de pan vive el hombre y el poeta,
pero un mal viento le rompió la cometa.
No sé si falló la fe o la voluntad,
o si es que el cielo no tiene piedad.
Regalé mi alegría por no querer venderla,
y ahora mi alma es una ostra sin perla.
Hice versos, ¡qué locura la mía!,
olvidando que la vida es una prosa muy fría.
Una prosa que duele, que muerde y que hiere,
y que mata al niño que soñar todavía quiere.
Hoy tengo un cansancio que no se me quita,
tengo la sonrisa de cristal, hecha trizas, ¡pobrecita!
Fui papalote de seda y de viento,
y ahora soy solo un verso que lleva el lamento.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de abril de 2026 a las 11:44
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco, Lualpri

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