Todos los perros muerden. Pensó rana un día.
Veía los dientes afilados incrustados en la piel tierna de sus muslos resbaladizos.
Las garras dejaban marcas que nadie le explicó cómo borrar.
Se restregaba contra el fango intentando que el lodo se filtrara por los rasguños.
Esperaba que algún día algo creciera de aquello.
Aves del paraíso.
Pero la tierra no era fértil.
No existía tampoco remedio ante la ferosidad de las bestias.
Solo la certeza de que al no dejarlos entrar volverían a sus escondites.
Si todos los perros muerden. Pensó rana otro día.
Clavaré espinas en mi boca.
No los dejaré salivar sobre sus propias patas.
Esperando que sus ojos carcoman lo que queda.
Y si es que todos los perros mordían.
Había una razón.
Que rana buscó.
Pero no encontró.
Hasta años después.
Donde el sol ya se había escondido,
y la marcha,
era un delirio.
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Autor:
Beetlebum (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de abril de 2026 a las 15:43
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Poesía Herética, Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais

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