Sin comprender plenamente el motivo de mi impulso, aquella última ocasión en que el sueño te venció y te quedaste profundamente dormida en mi cama, realicé un acto casi ritual: con una delicadeza infinita, te quité unos lunares y los deposité cuidadosamente en un pequeño envase. En aquel instante, no cruzó por mi mente la devastadora idea de que esa sería, trágicamente, la última vez que mis ojos tendrían la dicha de contemplarte.
Con el transcurrir del tiempo y la permanencia de tu partida, esos lunares han dejado de ser simples marcas en la piel para transformarse en mis luceros personales, las guías celestiales que iluminan el vacío de tu ausencia. Se han convertido en reliquias sagradas de lo que fuimos, pequeños fragmentos de tu esencia que logré rescatar antes de que el destino nos separara definitivamente.
En esos periodos de sombras densas y jornadas extenuantes donde la soledad parece ganarle la batalla a la esperanza, son estos luceros los que me otorgan la fortaleza necesaria para seguir adelante. Son mi baluarte contra el olvido y mi refugio en medio de la tormenta.
Hay momentos de debilidad extrema, días en los que el peso de extrañarte alcanza una intensidad tal que siento que la cordura se me escapa entre los dedos y la locura comienza a reclamar su espacio; es precisamente ahí, en el borde del abismo, donde el recuerdo de tus lunares surge con una fuerza renovadora. Al observarlos en su envase, recupero la templanza y encuentro el vigor suficiente para enfrentar la realidad de un mundo donde ya no estás presente físicamente, pero donde tu luz sigue brillando a través de ellos.
-
Autor:
Loco De Amor (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de abril de 2026 a las 14:20
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, El Hombre de la Rosa, Antonio Pais, Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios1
El escribir lo que dicta la inteligencia creativa es la puerta del entendimiento que la pluma plasma uniendo las letras estimado Marvin
Saludos afectuosos desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.