Estaremos ausentes por algún tiempo.
La noche bajó despacio,
cansada como marea,
y el mar antiguo animal
respiraba entre las piedras.
Los remos dormían sal,
fatiga de espuma vieja,
y la arena, en voz muy baja,
guardaba historias sin lengua.
Encendieron roja hoguera,
entraña viva en la arena,
y el humo torcido al cielo
subió contando su pena.
Un hombre que alzó su vaso,
temblándole la madera,
-vi nacer dos veces alba,
una en luz otra en tinieblas.
Otro se rió contra el viento,
dientes de sal, dura mueca,
-una ola quiso mi nombre,
pero le gané la fuerza.
El viejo miró las brasas,
con siglos en la mirada,
también el mar llora a veces,
aunque su llanto nunca habla.
Un joven habló de un pez,
oro vivo entre las aguas,
se le escapó entre los dedos
y aún duele la distancia.
El viento jugaba sombras,
las chispas danzaban altas,
cada instante parecía
querer volverse mañana.
Otro habló de noche ciega,
brújula rota y sin alma,
-no fue el mapa quien me trajo,
fue la fe la que no falla.
Corría espeso el licor,
memoria ardida en garganta,
y en las manos temblorosas
latía toda jornada.
Uno miró la frontera
donde el cielo besa el agua,
-dejé allí mi juventud,
por abrazar lo que pasa.
La hoguera tallaba rostros,
con lenta luz que no engaña,
cada arruga era camino
dibujado por la sal.
Se alzó un brindis por los idos,
por los que el mar no regresa,
nombres que el viento repite
como oración entre piedras.
Las risas se hicieron hondas,
casi verdad, en plegarias,
quien mira de frente al mar
aprende a soltar el alma.
Y la noche, madre antigua,
los cubrió con su mirada,
todo lo que fue vivido
ardía en la misma llama.
Pero al final, ya en ceniza,
cuando el silencio pesaba,
uno dijo, casi al viento:
-Somos soplo y mar la casa.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
-
Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de abril de 2026 a las 10:05
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 40
- Usuarios favoritos de este poema: kiry, Daniel Omar Cignacco, Poesía Herética, Carlos Baldelomar, Antonio Pais, Osler Detourniel, Santiago Alboherna, Antonio_cuello, Lualpri, Alexandra I, El Hombre de la Rosa, Freddy Kalvo, LOURDES TARRATS, alicia perez hernandez, Javier Julián Enríquez, Mauro Enrique Lopez Z., JoseAn100, Mª Pilar Luna Calvo, Tommy Duque, El desalmado, Jaime Correa, Lucía Gómez, David Arthur, Rafael Escobar, Nhylath, 🌼⚘María García Manero ⚘🌼, CARMEN DIEZ TORÍO

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Comentarios7
uauu mi amigo, q tremendas metáforas, bellísimo poema, profundo mesaje tambn, de lo efímero de la vida, la melancolía q a veces no se puede combatir, me parece ...
Gracias Santiago por tu comentario.
Gracias por compartir tus cotidianas letras, estimado amigo Justo.
Un abrazo.
Muchas gracias Luis por tu amable visita y comentario.
Saludos
El escribir lo que dicta la inteligencia creativa es la puerta del entendimiento que la pluma plasma uniendo las letras estimado Panameño poeta y amigo Justo Aldu
Saludos afectuosos desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias Críspulo por tu atenta visita y comentario.
Saludos.
Muchas gracias, amigo JUSTO, por este bello y excepcional poema, en el que se vislumbra una reflexión sobre la condición humana, la fugacidad de la existencia y la inmensidad del tiempo, simbolizada por el mar y la noche. En este contexto, la hoguera, elemento central, se erige como un crisol en el que las vivencias individuales se fusionan en una narrativa colectiva de penas, anhelos y resignaciones. Asimismo, los protagonistas, mediante breves intervenciones, articulan la universalidad de la pérdida, la lucha por la supervivencia y la búsqueda de significado ante la adversidad. Por otra parte, la juventud sacrificada en pos de lo efímero, el nombre reclamado por la ola, el oro vivo escapado, son metáforas de la fragilidad de los empeños humanos frente a las fuerzas primigenias. Por ende, el acto de observar el mar se manifiesta como un rito de aprendizaje, una catarsis que facilita la liberación del espíritu. En ese marco, la noche, como una figura materna ancestral, envuelve estas vidas, consumiéndolas en la llama de la memoria de lo vivido. En última instancia, el poema plantea la idea de que los seres humanos son un breve suspiro en la inmensidad del cosmos y una fugaz morada en el vasto mar, reconociendo de este modo nuestra insignificancia frente al universo, pero también nuestra conexión inherente con la totalidad del mundo natural.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Querido amigo:
Has captado con precisión el pulso esencial del poema: esa tensión entre lo efímero del hombre y la vastedad que lo contiene. La hoguera, como bien señalas, no solo ilumina, sino que reúne; convierte lo disperso en relato común, donde cada voz aporta su fragmento de verdad.
Las imágenes que destacas —la juventud que se disipa, el nombre que el mar reclama, lo valioso que se escapa— funcionan como recordatorios de nuestra fragilidad, pero sin caer en el desaliento. Más bien apuntan a una conciencia: la de saberse transitorio sin dejar de buscar sentido.
El mar, en ese rito silencioso de contemplación, no enseña con palabras, sino con su permanencia. Y la noche, lejos de ser solo cierre, actúa como un manto que guarda y transforma lo vivido en memoria.
Agradezco tu lectura, clara y honda, que entra al poema sin forzarlo y lo devuelve con mayor nitidez.
Un abrazo sincero.
Justo, hermano.
Tu poema tiene la hondura de esas noches en que el fuego reúne lo que la vida dispersa. Cada voz que aparece —el joven, el viejo, el que ríe contra el viento— construye un coro humano donde la memoria, la pérdida y la fe se entrelazan sin estridencias. Hay una verdad antigua en la manera en que dejas que el mar acompañe a los hombres, no como paisaje, sino como testigo que respira, guarda y, como dices con tanta fuerza, también llora a veces, aunque su llanto no tenga idioma.
La escena avanza con una serenidad que duele: la hoguera que talla rostros, el licor que desata confesiones, la frontera donde cielo y agua se tocan. Todo está escrito con una claridad que no necesita adornos, porque la emoción ya está ahí, latiendo en cada imagen.
Queda, al final, una sensación de pertenencia: ese “somos soplo y mar la casa” que resume la fragilidad y la grandeza de existir. Es un poema profundo, humano, y merece ser celebrado.
Un abrazo, Justo, porque:
POETAS SOMOS...
Lourdes, hermanita, qué bueno que percibas el mar no como fondo, sino como presencia viva, como ese testigo silencioso que guarda lo que los hombres no siempre sabemos decir. Hay, en efecto, una intención de dejarlo respirar, como si en su vaivén se reconociera también nuestra propia incertidumbre, ese ir y venir entre lo que fuimos y lo que aún buscamos ser.
La serenidad que señalas —esa que “duele”— nace quizá de aceptar que toda reunión es, en el fondo, un instante suspendido: la hoguera arde, las voces se abren, pero el tiempo, paciente, sigue su curso. Y sin embargo, algo queda. Tal vez eso que tan bien recoges en ese verso final: no una certeza, sino una pertenencia frágil, compartida, casi invisible.
Gracias por leer así, con esa sensibilidad que no se limita a interpretar, sino que acompaña. En ese gesto, el poema deja de ser solo mío y encuentra otra orilla donde seguir respirando.
Un abrazo grande… porque sí:
poetas somos, incluso cuando callamos.
POETAS SOMOS...
Una hermosa, poética y filosófica idea de los tantos panoramas que a diario nos presenta este sinuoso camino de la vida, bordado de luz y sombra, de fuego y lluvia, de amor y pena, y que su epílogo es lo mismo que el viento, certero e invisible. Mis felicitaciones viajan hacia ti con mi fraternal abrazo y mi siempre leal aprecio a tu noble amistad.
Hermoso brindis...¡de sal y hoguera!
Cordial saludo, poeta!🙏🤗
Muchas gracias.
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