Un Hombre... y Una Mujer (en una actualidad compleja y poco tradicional)

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Un Hombre... Y Una Mujer...

 

 

Un tensión humana eterna. 
Un planteo actual diferente al tradicional


A partir de un video en youtube al cual se accede AQUÍ, se presenta un editorial sobre el tema de título y subtítulo; el que con las expectativas de resultar ser esclarecedor y contributivo al mejor éxito de una tal relación en la actualidad



Relaciones en la actualidad: entre el cambio, la desorientación y la posibilidad de integración

En las últimas décadas, las relaciones entre hombres y mujeres han atravesado transformaciones profundas, no siempre comprendidas en su verdadera dimensión.

Muchas de las tensiones actuales no derivan simplemente de conflictos individuales, sino que en cambio resultan de un cambio de época, el que ha alterado simultáneamente las condiciones externas de vinculación y las estructuras internas con las que las personas intentan habitar esos vínculos.

Este desajuste es, en gran medida, el núcleo del problema.

No porque el pasado haya sido necesariamente mejor, ni porque el presente sea inherentemente degradado, sino porque los marcos que antes organizaban las relaciones han perdido fuerza sin ser reemplazados por otros igualmente claros y funcionales.

Lo que antes venía dado, hoy debe ser pensado, acordado y sostenido conscientemente. Y no todos están/estamos preparados para ello.

La necesidad de vincularse en profundidad, sin embargo, no ha desaparecido.

Ela no es, nunca fue una construcción meramente cultural, ni una imposición estructural: la tal, ella responde a una dimensión humana más esencial.

 

La autonomía creciente —particularmente en las mujeres— no elimina esta necesidad, pero sí modifica radicalmente la forma en que se la vive.

Al desaparecer la dependencia como base del vínculo, la relación deja de ser necesaria para convertirse en concreta y electiva. Este cambio, en sí mismo positivo, sin embargo introduce una exigencia mayorya no alcanza con “funcionar”, ahora el vínculo mismo, en forma viva, activa y proactiva por parte de ambos dos, este debe justificar su existencia.

Pero esta libertad ampliada no siempre ha sido acompañada por una integración equivalente.

Y es aquí donde comienzan a aparecer tensiones que el discurso simplista tiende a atribuir unilateralmente a uno u otro lado, pero que en realidad responden a un fenómeno más complejo.

La abundancia de opciones —o, más precisamente, la percepción constante de ellas— ella modifica la psicología del compromiso.

No porque antes no existieran alternativas, sino porque hoy son más visibles, son quizás más accesibles y son permanentemente recordadas, traidas a colación, muestras o expuestas: por la dinámica actual de la comunicación.

Esto introduce una lógica sutil pero persistente: la relación deja de vivirse tan solo como una construcción interesante posible, para comenzar a evaluarse en profunidad y con plena conciencia, ya como una opción de entre muchas disponibles.

 

Cuando esta lógica no está mediada por una madurez interna, en ambas partes potencialmente integrantes, entonces allí aparece el fenómeno de la insatisfacción latente.

Y esto pasa no necesariamente porque el vínculo sea inadecuado, sino porque siempre parece posible algo mejor.

Así, el compromiso —que siempre implicó cierta renuncia— el compromiso se vuelve más difícil de asumir.

Y no por falta de deseo de un deseo profundo por él, sino por la falta de integración personal, individual propia de cada uno, estas ante sí mismos y frente a las condiciones actuales y sus diferencias con lo previo.

Las redes sociales, en este contexto, no son la causa única pero sí un amplificador significativo de estas tensiones.

Las redes no solo multiplican las opciones, sino que además de hecho introducen una distorsión más profunda: la fragmentación del yo, usual, consuetudinaria en ellas.

Las personas aprenden a mostrar versiones parciales de sí mismas, las que debidamente seleccionadas y luego validadas externamente consolidarán un particular y especificado «yo».

Esa validación, sin embargo, recae sobre una identidad editada, ya no sobre la persona en su totalidad.

Y cuando se ingresa en una relación real, en donde lo no editado aparece, entonces, la distancia entre la expectativa y la realidad se vuelve flagrante e inevitable; y fuente probable y harto frecuente de el conflicto.

 

A esto, se le suma otro fenómeno propio de la actualidadla inflación de expectativas.

En la actualidad, la pareja tiende a concentrar funciones que antes estaban distribuidas: debe ser fuente de afecto, debe estar imbuida de una mutua comprensión, debe procurar en forma conjunta su estabilidad, su crecimiento, y debe en forma viva e inteligente conjutar tanto la atracción y el sentido mismo de toda ella, de la relación.

Este nivel de exigencia no es en sí ilegítimo, pero rara vez está acompañado por una disposición equivalente a contribuir en esa misma medida.

Así, lo que se busca en el otro no siempre se corresponde con lo que se está dispuesto o capacitado para ofrecer.

 

Esto no responde necesariamente a una desubicación ni a una mala intención, sino que resulta de un desorden o un cierto grado de inadecuación, en la forma en que se integran los cambios culturales.

La autonomía femenina real actual, esta puede derivar en libertad madura; o en rechazo reactivo de toda forma de dependenciaincluso de aquella que es constitutiva de un vínculo sano.

Del mismo modo, la abundancia, vista sin distinción de sexos esta puede convertirse en la cristalización en un criterio selectivo más complejo; o tambień en mera dispersión permanente.

Por otra parte, la validación externa, tan habitual y notoria en la actualidad de por estos tiempos, ella bien puede ser un complemento funcional maduramente manejado: o, en vez de ello, terminar siendo un sustituto de la verdadera identidad.

 

En este complejo y novedoso -relativamente- contexto, tanto hombres como mujeres enfrentan desafíos específicos.

Muchos hombres, especialmente a partir de cierta edad, se encuentran con que han estado operando con esquemas que ya no se corresponden con la realidad actual, y para peor, haciendo esto y sin contar aún con otros nuevos esquemas, ya plenamente internalizados.

Esto puede generar desconcierto o frustración, y no tanto porque las relaciones sean ya imposibles, sino porque las reglas ya no son explícitas, además de ser diferentes.

 

Por su parte, muchas mujeres enfrentan un proceso más complejo de integración, este el producto lógico y natural de unos cambios más intensos en su rol social.

La tensión entre independencia y vínculo, entre libertad y estabilidad, entre expectativas elevadas y realidad concretatodas ellas, todas esas tensiones pueden generar ambivalencias; que desde afuera se perciben posiblemente como incoherencia manifiestapero que en realidad, bien pueden sencillamente reflejar la presencia de sendos procesos internos relacionados con tales cambios, los cuales aún no están completamente resueltos.

En este escenario, la funcionalidad de una relación no puede depender exclusiva o fundamentalmente ni de modelos heredados ni de tendencias actuales (modas o formas) dominantes.

La funcionalidad profunda de una relación requiere, más bien, de una construcción mutua, recíproca y consciente de ambos. La que basada en ciertos principios que, aunque no siendo nuevos, hoy sin embargo resultan indispensables.

 

El primero de ellos es la elección consciente.

No basta con la atracción o la afinidad inicial: es necesario saber por qué se elige a esa persona y qué tipo de vínculo se quiere construir. Esta elección implica necesariamente renuncia, y sin la capacidad de asumir esa renuncia, la relación queda siempre en un estado poco propicio -sino nefasto hasta, de provisionalidad.

 

El segundo es la reciprocidad real.

Esta no como siendo un ideal abstracto, sino como una experiencia concreta de equilibrio en el aporte de cada parte: en su globalidad y en sus items necesarios para cada caso, y adaptados en comunión al personal caso.

No se trata de convenier ni de exigir ni de someterse ni de buscar una simetría exacta de aporte, sino que se trata de componer en conjunto una percepción compartida de que son ambos quienes sostienen el vínculo.

Cuando esto falta, aparecen el desgaste, el resentimiento y, eventualmente, hasta la ruptura.

 

El tercero es la claridad en los límites.

En un contexto en donde todo parece negociableresulta fundamental distinguir lo que puede adaptarse y hasta adoptarse, de lo que no.

Sin límites claros, la relación se desdibuja; con límites rígidos, se asfixia.

La madurez consiste en sostenerlos sin convertirlos en barreras ni en concesiones permanentes.

 

El cuarto es la gestión de la influencia externa.

Ninguna relación existió jamás en el aislamiento; pero en la actuallidad, existe por el contrario una compartición de la misma que está harto lejos de ser aislamiento, sino que todo lo contrario: incluso hasta una sobre exposición. Y someterla a una relación constantemente a tal exposición, la cual habilia sino que promueve quizás la comparación o la evaluación externa la debilita.

La capacidad de proteger el vínculo de interferencias innecesarias es hoy una forma de cuidado esencial que es básico y fundamental para la preservación en el mejor sentido de la mejor cohesión y compenetración de la relación.

 

El quinto es la regulación emocional.

En estos actuales tiempos, y por medio de una lógica compleja de los hechos -que aquí no cabe detenerse a analizar-, hoy lo de «sentir», como foco y actitud prevalente es indiscutible e insoslayable: Además como visión preponderante de vida inclusive.

Y sentir no es el problemael problema es convertir cada emoción en una exigencia o en una verdad incuestionable. Esto tanto a nivel personal individual como también y en particular en una relación.

Sin una debida, consciente, sana y bien entendida regulación de las emociones, los conflictos se vuelven fácilmente circulares y pueden terminar siendo desgastantes, agotadores e incluso fulminantes.

 

Finalmente, toda relación funcional requiere algún tipo de dirección compartida.

Esto no necesariamente en el marco de un modelo tradicional; pero sí en una, en una orientación común, concebida, asumida y convenida: que le dé sentido al vínculo más allá del presente inmediato.

 

Estos principios mencionados, ellos no garantizan de por sí el éxito: pero su ausencia vuelve altamente probable el fracaso.


Ahora bien, más allá de lo conceptual, es posible reconocer en la práctica cuándo una relación se aproxima a este tipo de funcionamiento.

Algunos indicadores concretos permiten orientarse:

  • Se observa como regla implícita sin imposición expresa, una elección sostenida; incluso cuando, aun existiendo alternativas, ambas partes actúan como si la relación fuera prioritaria.
  • Si hay reciprocidad natural: al punto de que el esfuerzo de equilibrio no necesita ser reclamado constantemente.
  • Los límites convenidos están presentes y reafirmadosincluso cuando ciertos comportamientos no generan negociación inmediata, sino desde ya, previamente, una claridad inmediata.
  • La influencia externa está contenida cuando la relación no depende de ninguna validación externa constante.
  • La regulación emocional se evidencia cuando los conflictos no escalan innecesariamente.
  • Y la dirección compartida aparece cuando las decisiones, incluso pequeñas, responden a un horizonte común.
  • Y correspondientemtente -pero por el contrario- la ausencia de estos elementos suele manifestarse de forma igualmente clara: a través de la presencia de:
  • una evaluación permanente del vínculo y de su sentido,
  • una sensación irresuelta de desequilibrio en el aporte de cada parte,
  • por el advenimiento intempestido de conflictos repetitivos, que sin resolución,
  • por la presencia insoslayable de cierta interferencia constante de algunos factores externos
  • …. y, sobre todo, por falta de sentido de continuidad, uno mutuo, automática, natural conciente y recíproco.

La realidad actual no impide las relaciones funcionales, pero sí exige un nivel de conciencia, criterio e integración mayor, esta personal de cada uno e interpersonal de ambos, que en otros momentos. Y no todos están dispuestos o preparados para ello: y eso explica en parte la dificultad creciente para encontrar vínculos estables y satisfactorios.


Sin embargo, cuando esa integración se logra —cuando la libertad no anula el compromiso, cuando la autonomía no excluye la interdependencia, cuando la elección se sostiene en el tiempo—, entonces, ya la relación no solo es posible, sino que adquiere además una cualidad distinta: ya deja de ser una necesidad que se padece o una opción que se evalúa, para convertirse en una construcción que se elige y que se sostiene: en mutuo y armónico acuerdo.


Ese es, probablemente, el punto más alto al que puede aspirarse hoy. No un retorno al pasado, ni una adaptación pasiva al presente, sino una integración consciente de ambos en algo nuevo, más exigente, pero también más genuino.


 

Todos los Derechos Reservados (sobre el texto)

Publicado en Poesía Filosófica Reflexiva General
  • Autor: El Pensador UY (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 26 de abril de 2026 a las 10:25
  • Comentario del autor sobre el poema: Un ensayo personal, de un hombre grande hoy inserto en un contexto en que casi todo ha cambiado: excepto en la sana y hermosa necesidad del uno del otro: de un hombre de una mujer; de una mujer de un hombre.
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 10
  • Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Nelly Cevallos - Liora
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Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    Cuando el cerebro del trovador versa la pluma creativa recibe las letras que crean la poesía estimado Dalamon
    Abrazos de Críspulo desde el Norte de España
    El Hombre de la Rosa



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