MI PAÍS

Lourdes Aguilar


AVISO DE AUSENCIA DE Lourdes Aguilar
En cada oportunidad que se presente estaré con ustedes
Mientras haya vida habrá poesía

De todo este largo y ancho mundo, tan solo un pedacito de suelo puedo llamar mío, mío porque aquí aspiré por vez primera y sentí en mi piel el calor propio de la selva seca, aquí comenzaron mis primeros sueños, los más maravillosos y así mismo mis más aterradoras pesadillas; aquí conocí, trepada en las ramas de su árbol el sabor de la ciruela, de las guanábanas y los nances, aquí escuché y aprendí a respetar el idioma ancestral de mis abuelos, aquí las primeras letras me abrieron un mundo infinito y supe con certeza que éste suelo mío había sufrido interminables invasiones y traiciones tan profundas que aún hoy, a 500 años de mestizaje y otros tantos de civilizaciones admirables casi borradas tanto física como históricamente de su memoria y de su territorio, sus secuelas perduran como un maligno cáncer la sociedad actual. 

He conocido y amado personajes cuyo valor en su política, en su arte y en su ciencia están a la altura de cualquier otro en el mundo, hombres y mujeres que perdieron todo en aras de sus ideales, hombres y mujeres de carne y hueso, imperfectos pero íntegros cuyos aportes y sacrificio fueron borrados de la historia oficial ensalzando tan solo a quienes (con derecho o no) se les celebra como si hubieran actuado solos y no respaldados por un ejército de patriotas que los acompañaron en su causa, cada uno desde sus modestas posibilidades en una utopía de libertad y justicia que no se ha cristalizado, tal vez porque a lo largo de su tortuosa formación como república no ha terminado de forjar una identidad propia y las diferencias quedaron marcadas en una pirámide de prejuicios difícil de superar, quedan resentimientos, engaños, silencios, decepciones profundas y recurrentes. 

Mi país ¿cómo no amarlo? ¿Cómo no amar su historia leída y aprendida en sus diferentes versiones, su territorio, sus derrotas, su sufrimiento, su valor para resistir y levantarse una y otra vez? ¿Qué importancia puede tener su imagen ante el mundo cuando uno ya tiene la suya propia grabada en su corazón, cuando se es consciente de sus males y las causas que los originaron? 

Mi país, una minúscula porción de tierra en el continente que se pretende explotar avaramente, como cosa inerte, vil proveedora de insumos, campo de pruebas, basurero, población útil solo para experimentos y propagandas políticas. Ahora mismo, en la era de la tecnología y el progreso (al menos de las sobras que a la población en general se le permite) pareciera que su rumbo es más incierto que antes, su identidad recorre el mundo pero distorsionada, fragmentada, maquillada. 

Solo se puede amar lo que se conoce y lo que conozco me basta para amarlo, no a gritos, no con arrogancia, no con orgullo herido, sino con el mismo amor que de pequeña me inspiró el hipil gastado y el rebozo de una abuela morena, delgada y pequeña que me enseñó con su existencia la riqueza de un pasado grandioso y un futuro que sin saberlo depositó en mis manos inexpertas, amo el suelo pedregoso y cálido donde aprendí a dar mis primeros pasos y cuyos límites se me permitió conocer donde habita gente llena de dolor, pero también de esperanza, otras crueles, despóticas y perversas, otras alzando la voz, saliendo a las calles, abriendo los ojos, acorraladas pero firmes y otras, vaya que las hay, trabajando en silencio, caminando detrás del arca, en espera paciente de que se completen las vueltas necesarias para que suenen las trompetas, gente silenciosa pero inquebrantable en su fe, quienes con detalles y desde su humilde posición son un remanso de paz en el caos, brazos abiertos que acogen, pronuncian palabras que sanan, de oraciones poderosas, almas conectadas con la divinidad a través de la madre Guadalupana cuyas sagradas plantas se dignaron posar en éstas tierras, almas que promueven una paz no humana, piezas indispensables para sostener a los guerreros en las batallas contra el numeroso ejército que les rebasa. 

Mi país ¿Cómo no amarlo? ¿Cómo no percibir la diferencia si traspaso sus fronteras? Solo soy un puntito insignificante en su geografía, un puntito que se mueve y permanece sin aspirar a “algo mejor” porque no podemos menospreciar lo que tenemos y desecharlo como se desecha un trapo viejo y manchado, cuando tan necesitado está de que sus hijos lo sostengan, cuando está mutilado y sangrante, cuando su juventud y su niñez está asediada y amenazada, cuando sus ancianos pierden la memoria y se dejan morir sin ser escuchados ni tomados en cuenta. 

Mi país, mi cachito de suelo, mi patria a quien recité poemas, la madre postrada, su selva, su bosque, su mar, su golfo, sus montañas que me relajan, sus lenguas, sus tradiciones, sus trajes, sus bailes, sus alimentos que me deleitan, su historia, sus héroes que me inspiran, todo eso mío es.

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