Llegar tarde a mí mismo

Noelia Beteta

“No tengo tiempo”, dijiste.
Y el tiempo, ay, el tiempo,
ese pobre hombre cansado,
se me quedó mirando en los bolsillos vacíos.

No era el tiempo, no.
Era yo,
desacomodado en tu tarde,
sobrando en tu minuto exacto.

Te hablé —¿recuerdas?—
con esa voz que uno hereda del abandono,
con ese temblor antiguo
que no aprende nunca a no doler.
Te hablé como se habla a lo último
que uno cree que se queda.

Pero tus silencios
tenían la forma de otras ausencias,
de mesas largas sin mi nombre,
de puertas que no supieron abrirme.

Y dolía doble,
como duelen las cosas que regresan
sin haber sido llamadas.

Yo, que ya venía torcido de familia,
clavo sin pared,
insistiendo en madera ajena,
martillándome un lugar
donde nunca fui necesario.

Hoy me voy.
Me voy con mis cosas pequeñas,
con este corazón que ya no alcanza,
con esta forma mía de quedarme
donde no me están.

No te culpo.
Hay abandonos que no tienen nombre,
y manos que no saben sostener
aunque quieran.

Pero yo…
yo ya no puedo seguir
llegando tarde a mí mismo.

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.