Todavía anhelo el calor de tu pecho,
sentir en el centro su latido
diciéndome lo mucho que estás vivo.
La pena de perder los versos,
que tu amor me ha concedido.
Ni siquiera recordarlos,
por la intensidad de mi llanto.
Las noches de amargura
aferrada a tu cintura.
Esa violencia de mis brazos,
el enredo y nudo entre los mantos,
y tu ausencia me talla con clavos.
La privacidad de mi lecho aniquilada,
sin encontrar lugar donde ser amada.
¿Qué hubiera sido,
de no ser mi objetivo?
Enséñame como sería una vida,
sin estar encerrada en este castigo.

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