DÍGALE QUE AÚN RESPIRO SU NOMBRE

Luis de leon

 

No ha aprendido mi corazón

a olvidar la forma en que me miraba,

aquellos ojos tristes y soñadores

donde una vez encontré mi casa.

Se me quedó su luz clavada en el pecho,

como un suspiro que nunca termina,

y aunque intenté arrancarla del alma,

su recuerdo florece… y me domina.

La dejé por seguir una ilusión ajena,

por perseguir un espejismo sin sentido,

y en ese camino de promesas vacías

me fui perdiendo… hasta perderla conmigo.

Hoy entiendo tarde lo que era evidente:

que en ella vivía todo lo que anhelaba,

que su amor era el destino perfecto

y yo… el necio que no lo miraba.

Y ahora camino solo entre sombras,

preguntándole al viento si la ha visto pasar,

si alguien reconoce su risa en la distancia

o si su nombre aún se deja pronunciar.

Si la encuentran, por favor díganle

que nunca dejé de amarla en silencio,

que su ausencia es un desierto infinito

donde mi alma se consume lento.

Díganle que aún la nombro en mis noches,

que mi voz se quiebra al recordarla,

que su piel vive en cada rincón de la mía

y mis manos aún sueñan con tocarla.

Que no hay estrellas que iluminen mi cielo,

que el sol se volvió frío sin su calor,

que respiro por inercia, apenas sobrevivo

porque me falta el aire de su amor.

Díganle que cada beso que le di

sigue ardiendo como fuego eterno,

que en cada caricia dejé mi vida

sin saber que firmaba mi invierno.

Porque la amé sin medida ni tiempo,

la hice mía en cuerpo y alma,

y en ese universo de piel y latidos

encontré la paz… que hoy me falta.

La abrazaba como quien no quiere soltar,

como quien teme perder el mundo entero,

y ahora que ya no está entre mis brazos

entiendo cuánto duele el vacío sincero.

Si la ven, no le hablen de mi orgullo,

háblenle de este amor que no termina,

de este hombre que se rompió en su ausencia

y que por dentro… aún la necesita.

Díganle que vuelva, aunque sea un instante,

que me mire como antes lo hacía,

que me salve de esta eterna noche

donde su recuerdo es mi única compañía.

Porque sin ella soy solo silencio,

un eco perdido en la nada,

un corazón que late por costumbre

pero que ya no siente… si ella no está.

Y si no regresa… díganle entonces

que la amaré más allá de esta vida,

que aunque el tiempo borre mi nombre

su recuerdo jamás tendrá despedida.

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