Oda a Walt Whiteman

Juan Muñoz

Oh, amigo homosexual que no haces mal,

aunque el mundo de errores te trató fatal,

no dejes que de ti el juicio ajeno abismal

corte tus bellas alas, caballo homosexual.

​Tu voz, oh Walt Whitman, mi amigo leal,

eres guardia del sexo tan universal,

con las yerbas de papel, hierbas de sal,

rastro de ese deseo que parecía espiritual.

​Amigo de mi verso por delante y por detrás,

me enseñaste a escribir con plena libertad;

tu verso libre nadie lo opacará.

​Y hoy, el día de la poesía, te vamos a recordar:

que tu viejo ciervo del mar nunca apagará...

Y siempre... siempre... siempre perdurará.

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