No me diste la vida,
Pero me hiciste sentir vivo,
Te sentí en cada nervio,
Corriendo como sangre en mis venas,
En mi pecho latía el tuyo, pero...
¿Qué más podría yo querer?,
Solo que te hubieras quedado.
En la punta de mis dedos siento tu pelo,
reminiscencias del pasado.
Cuando agachabas tu cabeza y tu cabello rozaba mi rostro,
Me sentía vivo,
Tu pelo se interponía en tus labios y los míos,
yo los acomodaba con cuidado detrás de tu oreja,
Como quien,
Sin querer toca el alma.
Tu falda bailaba cuando caminabas,
Y ese vals en tus pasos me tenía febril,
Te sentí tan cerca, que me aprendí de memoria los poros de tu piel.
Sentí tus piernas, fugaces,
y regresé a donde aún eras mía.
Veo tu cara en mujeres que no valen la pena,
En ojos cafés que no son tuyos,
Y que siempre me detengo, Solo para ver que no sos vos.
Me duele encontrarte en ojos que no te han vivido
pero se parecen lo suficiente
para arruinarme el día.

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.