Pacto de astros y fuego eterno

El hombre de la orquidea

I

Del lecho tibio donde un día con fuego me acurruques,

vendré a tu sol ardiente, tierra de amor enamorada,

para que en besos sin final mis juramentos trueques,

me sentirás en tu alcoba, con la piel incendiada.

Te cuidaré con miel mientras mi nombre sea tu sueño,

velando entre jardines tu deseo y tus pasos;

la tierra será cuna, de tus pétalos soy dueño,

fundiendo primavera y fuego eterno en nuestros brazos.

Dejaré tras tus huellas orquídeas y anturios de pasión,

bajo la bruma azul de aquella luna que nos vio;

mi amor se queda en ti, latiendo en tu propio corazón,

tejiendo las promesas que el destino nos cedió.

Me iré con el susurro de aquel éxtasis secreto,

sin nombre en el papel, pero con tu esencia en mi alma.

II

Este dulce ardor se hará místico éxtasis un día,

y mi alma dirá al cuerpo: "Ven, abrázala ya".

Por la vía rosada donde el fuego es compañía,

yo viví solo para devorarte en el "allá".

Sentirás mi presencia fogosa siempre a tu lado,

mi espíritu llegando a tu ciudad de besos quietos;

esperaré los pétalos del rojo más sagrado,

¡para fundirnos juntos en ardientes alfabetos!

Sabrás que el amor puro es una llama imperecedera,

que te amé con frenesí y desde el más allá te envuelvo;

para tu carne sedienta seré eterna primavera,

y en mis brazos de fuego tus anhelos yo resuelvo.

Se hará luz en la zona oscura de cada deseo:

nuestro pacto de astros es eterno, infinito y reo.

III

Dios habrá tomado mi vida con un beso divino,

desde el día en que por señal de estrellas y de suerte,

dejé el jardín de azucenas que marcó mi camino;

mi corazón latió en agonía por no perderte.

Y le dije al Señor: "Por sendas de luz pasional,

llévame ahora, que su fuego es mi norte y mi guía;

arráncale los miedos, concédele el sueño vital,

¡una barca de viento rosado nos empuja todavía!"

Regresé ante el Creador como una flor en llama viva,

se detuvo mi barca de vida en el éxtasis puro...

¿Sabes que fue el amor más voraz quien hoy te reciba,

el que con frenesí te entregué como un muro seguro?

Tú lo comprendes, Señor, que juzgas con la ternura:

¡Júzgame solo por cuánto la amé con alma y locura!

IV

No habrá tumba que guarde este fuego sagrado,

ni silencio que apague lo que el alma juró;

yo estaré en cada brisa, caminando a tu lado,

en el lazo invisible que Dios mismo tejió.

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