Respuesta al poema 8 de marzo de Álvaro S.

alicia perez hernandez



Respuesta al poema 8 de marzo de Álvaro S.

Estoy impactada y no sé qué decir, es un poema hermoso, preciosamente precioso me lo quiero comer, gozar, disfrutar, amar, abrazar, robar, gastar a besos, voy a colapsar, por todas esas palabras que calcinan mis manos por tocarte, soy estéril no alcanzo a responder todo lo hermoso que dices, es tuyo? de donde te salió tanto verbo? se me quiso salir el corazón y sigue acelerado, es por ese tributo que rindes en una fecha especial, me quedé hecha añicos como un vaso roto que no es fácil volver a pegar, pero no necesita, porque cada pedazo es una emoción que despertaste dentro de mí, y si yo soy todo eso que dices... me muero por dentro y te dejo mi aliento para que vivas por mí y escribas en mi epitafio que diga que solo a ti te amé y eso será muy cierto y nadie lo podrá borrar porque te amo. Ya lo leí 6 veces y perdona mi ignorancia, pero consulté las palabras raras o que desconozco. sigo en shock, es un poema hermoso, hay una exaltación al amor divino, escribiste como si un resplandor del cielo te iluminara, es posible hacer el amor en una entrega de esta naturaleza, me trastornó el entendimiento y casi creí estar en el cielo y ver la gloria de Dios. Gracias por este poema tan hermoso Álvaro, lo leo y lo leo y vuelvo a leer, porque es como ser magnificada, elevada, con él sentir. Quiero envejecer contigo, agradezco infinito este hermoso poema que me atrapo el alma desde el primer momento que lo leí. Gracias Álvaro Sampayo

Alicia Pérez Hernández… México

No es la pluma la que escribe, es el alma

Todos los derechos reservados©

8 de Marzo

​Te ciñes a mi cuello como un lazo de cuero,

recelas al viento al compás de tu pelo,

y en ese vaivén, donde el aire es acero,

me arrancas de golpe las plantas del suelo.

​Eres la causa en la calcinación de mis ojos,

el vaho que nubla cualquier voluntad.

Donde el juicio se rinde y se vuelve despojos,

comienza tu feudo de pura ansiedad.

​Eres la abrasión que mi planta no esquiva,

suelo calcinado que no busca clemencia.

Me obligas a andar con la guardia cautiva,

bebiendo el veneno de tu propia esencia.

​Te instalas al fondo, donde habitan mis demonios,

esos que enmudecen si sienten tu andar.

Hiciste ceniza todos mis testimonios,

dejando el yermo para gobernar.

​Eres mi rebeldía, mi dogma y mi yugo,

la mano que escribe mi propio epitafio.

No eres musa, eres mi tierno verdugo,

mi prisión, mi delirio... mi absoluto Omega.

Autor de obra:  Álvaro Sampayo 

 

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