QUE VIVA EL AMOR

José Mario Calero Vizcaino

 

 

Hoy quiero alzar la voz
y bendecir la búsqueda,
el hallazgo
y la celebración del amor.

 

Hoy siento la furia del alma
al contemplar a los hombres agonizantes,
varados sobre el asfalto
por la incomprensión de la multitud
y por el juicio implacable de la tribu;
y no puedo aceptar sus destinos.

 

Hoy las aves de rapiña
me revelan su precisión mortal
cuando acechan a la presa,
y también su serena majestad
cuando cruzan, en silencio,
los campos mexicanos.

 

Hoy el amor que profeso a mi mujer, a mi compañera,
se me derrama en la sangre,
entra en mis células,
se extiende por todo mi cuerpo
como una luz interior que despierta.

 

Hoy comienzo a cosechar
la vitalidad en la sangre,
el temblor en los sentidos,
la fuerza en la vida,
al decidir casarme
con una de las mejores mujeres que habitan este mundo.

 

Hoy vivo ya en pareja, en comunión,
y recupero la fuerza esencial de mi espíritu
después de más de treinta y cinco años
de soledad paciente,
de espera callada,
de búsqueda fiel de este presente;
y, al fin despierto en la plenitud de la vida,
empiezo a acechar el porvenir
para trascender los ideales
que sembré en mi pasado.

 

La paciencia no es mala compañera
mientras no aparece, en cuerpo y alma,
la persona que te completa
y te enciende el amor;
pero cuando llega,
hay que arrancarse valor de las entrañas
y declararse con toda la verdad del corazón.

 

Sí:
el amor a primera vista existe.

 

En la búsqueda del amor verdadero
hay horas de flaqueza;
y entonces la perseverancia
y la verdad depositada en el deseo
deben guiar nuestros pasos
para no rendirnos
ante la mediocridad sombría de la soledad,
esa fuerza mezquina
que pretende corromper
los valores primigenios del amor.

 

Somos criaturas intuitivas y sensibles;
jamás debemos menospreciar
el poder secreto
de nuestras facultades humanas.

 

Hoy mi pasado pesa menos,
y mi presente se modela
con la fuerza expresiva y climática
de un artista maduro.

 

Hoy las experiencias de mi ayer
amasan el barro de mi ahora.

 

La libertad se presenta ante mí
como una posibilidad ineludible.

 

La vida pertenece
a quienes son fuertes de corazón,
de espíritu
y de mente.

 

Hoy mi mujer me confía
los secretos de su cultura.

 

Hoy comienzo a sentir la protección
de otra patria
que también fortalece mi identidad.

 

Desde el suelo
mi alma se levanta como un fénix,
recobra el vuelo
y se eleva para vigilar, con esperanza,
nuestro porvenir.

 

Recuperar el espíritu
que una vez clamó como un águila.

 

Hoy México nos acoge
en uno de sus recintos,
y ya me siento fortalecido
por el alimento de su tierra,
por las campanas de sus templos,
por la hermandad
y la camaradería de su gente.

 

No me equivoqué:
era el verde.

 

Que viva el verde:
verde fuerza,
verde vida,
verde latido primordial;
busca la raíz sagrada
de todo lo que florece.

 

No hablo de afinidades políticas,
sino de una búsqueda orgánica y esencial de la vida,
en medio de este presente contradictorio,
frente a la monotonía gris
de las ciudades confundidas.

 

Hoy grito, firme y victorioso,
después de treinta y siete años de vida,
sabiendo que la paciencia en la búsqueda del amor
se vuelve recompensa
cuando al fin lo encuentras.

 

El amor es alimento del alma
y sustento del espíritu.

 

El amor es la fortaleza secreta
que acompasa el latido orgánico del corazón.

 

El amor es el cimiento
de la fuerza torrencial del ser humano.

 

El amor es la energía
que enciende la vida
en la mente, en el cuerpo y en el espíritu de la humanidad.

 

El amor es una fuente inagotable.

 

No más hombres en la calle:
más amor en los corazones.

 

No más vidas incomprendidas en los psiquiátricos:
más vida libre
explorando nuestra naturaleza.

 

Abajo la pobreza del espíritu.
Arriba la fuerza del amor.

 

Martes, 6 de marzo de 2012.

Martes, 21 de abril del 2026.

 

 

 

 

José Mario Calero Vizcaíno e Inteligencia Artificial

 

QUE VIVA EL AMOR

 

Version Refinada

 

 

Hoy
quiero decirlo
como quien enciende una llama
en mitad de la noche:

 

que viva el amor.

 

Que viva su espera.
Su relámpago.
Su llegada.

 

He visto hombres
caídos en la dureza del mundo,
almas heridas
por la intemperie,
por el juicio,
por la costumbre brutal
de no abrazar.

 

He visto también
a las aves de rapiña
trazar su ley en el aire:
la herida,
la altura,
el silencio.

 

Pero hoy
no habla en mí la ruina.
Habla la luz.

 

El amor por mi mujer
entra en mi sangre
como la primavera en los árboles:
sin permiso,
sin ruido,
volviéndolo todo verdad.

 

Después de tantos años de soledad
comprendo esto:
esperar no fue perder,
sino dejar un espacio limpio
para que la vida descendiera.

 

Sí,
el amor a primera vista existe.

 

No como fábula,
sino como reconocimiento.
Algo en nosotros sabe.
Algo antiguo se inclina,
tiembla,
y ya no quiere regresar.

 

Mi pasado pesa menos.
Ya no es piedra.
Es barro.

 

Y con ese barro
la vida vuelve a tocar mi rostro.

 

Mi mujer me acerca
a otra tierra,
a otra memoria,
a otra forma del hogar.

 

México nos recibe
con sus campanas,
con su raíz,
con el pulso fértil de su pueblo.

 

Y entonces aparece el verde.

 

No como consigna.
Como revelación.

 

Verde de savia.
Verde de raíz.
Verde de lo que insiste en nacer
incluso entre las piedras.

 

Hoy,
después de treinta y siete años,
lo sé:

 

la paciencia en la búsqueda del amor
tiene sentido
cuando el amor llega
y ordena el mundo
con su sola presencia.

 

Porque el amor alimenta.
Porque el amor sostiene.
Porque el amor devuelve unidad
a la mente,
al cuerpo,
al espíritu.

 

El amor no nos vuelve frágiles.
Nos vuelve verdaderos.

 

Por eso digo:

 

menos abandono,
más calor humano.

 

Menos condena,
más escucha.

 

Menos pobreza del espíritu,
más fuerza nacida del amor.

 

Que viva el amor:
la casa encendida,
la fuente intacta,
la llama que, al compartirse,
crece.

 

Martes, 6 de marzo de 2012.

Martes, 21 de abril del 2026.

 

 

 

 

José Mario Calero Vizcaíno e Inteligencia Artificial

 

 

 

 

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