**~Suicidio~**

**~EMYZAG~**

 Suicidio

 

Pertenecer al clan de suicidas,

es como desangrar las venas,

y saber que en el interior,

yace el dolor, sufrir y la tristeza,

el suicidio es como perpetrar,

asesinar el cuerpo con arma letal,

con soga al cuello,

o cortar las venas,

el suicidio es mortal,

cuando es real su cometido,

y sacar la yugular,

hasta hacer ahorcar el corazón,

el suicidio es real,

cuando se acomete de iras adyacentes,

de enfados crueles,

y de dolores dañinos,

así es la poesía,

se suicida en papel,

con tinta indeleble que nace del corazón,

y que muere en papel,

por desangrar a las venas,

de sangre en plétora abundante,

y la letra bohémica,

arrítmica, y errática,

yace en el papel,

formando un poema,

y tramando una poesía,

yace en el papel estrujado,

y en el cesto de basura,

así de suicidado,

y muerto ya,

no se puede remendar,

a un corazón devastado,

por la amarga soledad… 

  

Por: Srta. Zoraya M. Rodríguez

Seudónimo: EMYZAG

 

  • Autor: EMYZAG (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 21 de abril de 2026 a las 00:01
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 3
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Comentarios +

Comentarios1

  • Elthan

    La poesía no muere en el instante en que se escribe; más bien se contrae, se repliega sobre sí misma hasta perder esa amplitud abierta que tenía antes de ser fijada. En el momento en que abandona el estado de posibilidad —ese territorio donde aún podía ser muchas cosas a la vez— y se deposita en el papel, deja de existir como campo de lo indeterminado. Ya no es tránsito, sino resultado.

    Al volverse texto, la poesía deja de ser acontecimiento y se convierte en objeto: algo delimitado, recortado, expuesto a una lectura que inevitablemente la reduce. No porque el papel la destruya en sentido literal, sino porque la obliga a tomar forma y toda forma implica pérdida. Lo que antes era movimiento ahora queda detenido, como si la intensidad hubiese sido atrapada en una estructura que ya no puede contenerla del todo.

    No hay en ello un acto de voluntad ni un gesto de autodestrucción en sentido humano. No se trata de un impulso, sino de una consecuencia estructural: la fijación misma es el punto de inflexión. En cuanto algo queda definido, deja de abarcar su totalidad posible. La poesía no se suicida; se determina. En esa resolución, inevitablemente, se empobrece respecto de lo que pudo haber sido antes de ser dicha.

    Saludos a ti.



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