LA MUERTE NO TE PIDE PERMISO

Quinteros Fabian

     LA MUERTE NO TE PIDE PERMISO

 

  Un día la muerte aparece, sin golpear la puerta, sin pedir permiso, y te invita a caminar con ella cuando aún no estabas listo, cuando todavía tenías cosas por decir.

   Llega sin aviso, como una sombra silenciosa, para recordarte que esto de vivir es apenas un instante, que nadie se queda, que todos, tarde o temprano, partimos.

  Un día apaga las luces de golpe y deja al mundo en pausa:

      Sin amaneceres, sin miradas, sin abrazos, sin canciones que acompañen el alma.

   Pero a veces, solo a veces, la dama de negro no viene a llevarte, sino a escucharte.

  Y entonces hablás, con el corazón abierto, le contás de los besos que te faltaron, de los perdones guardados, de los “Te amo” que nunca salieron.

  Y ella, en silencio, te mira, como quien entiende todo sin palabras, te suelta, y sigue su camino.

  Te deja ahí, con dos cicatrices invisibles y una certeza clavada en el pecho:

     Que ya no sos el mismo, que ahora sabés que el tiempo no espera y que la vida, no avisa.

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