Hematografía

de arena

Justo antes de aprender a hablar,
mi madre me dio tinta de lactar,
la misma que de su piel brotaba,
cuando su madre la golpeaba.

Libélulas sin alas salen
de los ojos de mi tía,
ahogadas como letras,
que después mi hermana leía.

Bebo la sangre de mi abuela
cuando los insectos se me acercan.
Menstrúo abecedarios, coágulos en prosa.
Dibujamos de forma dolorosa.

Intenté parar la maldición
que hace siglos nos lanzaron.
Pero hoy mi hija escribe del lago
que mis lágrimas-petróleo formaron.

Tarde, cuando nazca mi nieta,
todos fingirán gran asombro
cuando, en vez de placenta,
salga un libro de los escombros.

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