El tiempo es una línea que el alma no comprende,
el ayer es un fuego que en el presente abrasa;
cuando el miedo al pasado de nuevo se desprende,
confundes al refugio con quien quemó la casa.
Mi amor, en tu memoria, se siente como invasión,
un riesgo de que el roce despierte tu herida;
tu mente proyecta en mi sombra la agresión,
y golpeas al puerto buscando una salida.
Lanzas frases hirientes por ganar autonomía,
la que te fue robada cuando eras solo niña;
es un escudo amargo, una triste ironía,
de quien busca salvarse mientras su amor desaliña.
Te miro desde el borde de este abismo profundo,
comprendo que el ataque es síntoma y lamento;
te fragmentas por dentro para anular al mundo,
desvalorizando el alma que fue tu sustento.
Acepto este destino, acepto hoy soltarte,
pero no es el olvido quien firma mi partida;
he venido a este mundo solo para cuidarte,
cumpliendo la promesa de toda una vida.
Desde el silencio casto te guardaré la espalda,
como un faro invisible que el perdón alimenta;
aunque hoy tu alma de hielo mi entrega no respalda,
yo seré la calma que venza tu tormenta.
Cuando el mañana traiga la luz de la cordura,
y despiertes al daño que el miedo ha dictado,
no dejes que la culpa se vuelva tu tortura,
pues sigo aquí esperando lo que Dios ha decretado.
Mi amor nació sincero desde el primer instante,
ni el tiempo ni el quebranto me alejaron de ti;
seré el guardián oculto, el amante constante,
hasta que el Cielo mismo te regrese hacia mí.
-
Autor:
El hombre de la orquidea (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 20 de abril de 2026 a las 00:10
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 5

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.