Honrar en Silencio
Bajo la tierra no hay espejos,
ni ojos que juzguen la madera pulida,
ni oídos que escuchen los rezos largos
que se disuelven como humo en la tarde.
El silencio allí es profundo;
no conoce de flores caras ni de trajes negros,
ni de coronas que pesan más por orgullo
que por memoria.
Los vivos caminan despacio,
midiendo el dolor en pasos ensayados,
mientras el viento, indiferente,
barre pétalos y promesas.
Dicen palabras que suenan importantes,
como si el eco pudiera convencer a la ausencia,
como si el mármol lograra detener el olvido
o comprarle al tiempo un instante más.
Pero la verdad, desnuda y tranquila,
reposa donde nadie quiere mirar:
A los muertos no les importa cómo son sus funerales.
Las exequias suntuosas solo sirven para satisfacer las apariencias y la vanidad de los vivos.
Y entonces todo cambia de peso:
las manos que antes sostenían flores
se vuelven preguntas,
y las miradas evitan encontrarse.
¿Qué queda cuando el ruido se apaga?
¿Quién recuerda sin testigos, sin aplausos,
sin el brillo prestado de la ceremonia?
Tal vez el amor verdadero
no necesita madera tallada ni discursos largos,
sino gestos pequeños,
guardados en la rutina de los días compartidos.
Tal vez honrar es recordar en silencio,
en la taza que quedó a medio llenar,
en la silla que aún parece ocupada,
en el nombre dicho sin prisa.
Porque la muerte no escucha,
pero la vida sí,
y es en ella donde se decide
si alguien fue realmente amado
o solo correctamente despedido.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Marzo, 2024.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 19 de abril de 2026 a las 02:34
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 12
- Usuarios favoritos de este poema: Salva45, Mauro Enrique Lopez Z., El Hombre de la Rosa

Offline)
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