Bracear hacia luz

Cieroska Porras

 

 

En el tránsito errante de los soles y las lunas,

de semanas que se funden en estaciones de ceniza y pausa,

la esperanza se nos va filtrando entre los dedos como agua que no sacia.

 

¿Qué somos, al final, si nos despojamos de ese último aliento?

 

Nos queda apenas el lamento de lo que pudo ser,

la espera infinita que nos encadena o esa risa herida, casi espectral,

que brota en la penumbra de quien ya no aguarda nada.



Es el naufragio de los días…

 

Nadamos en aguas tan profundas que el frío ya no asusta,

braceando con el alma exhausta hacia la luz de un faro que,

 mientras más buscamos, más se aleja.

 

Un faro que quizás nunca estuvo allí; una ilusión óptica en mitad de la tormenta.



Aquella esencia risueña que alguna vez fuimos

se perdió en el desgaste de lo que no llega,

 hundiéndose bajo el peso de su propia ausencia.

 

Bastó un mediodía amargo para que la voz se volviera queja

y el corazón, cansado de latir al vacío,

se transformará en piedra.

 

Ahora, en el fluir estéril de los minutos y las horas,

esa presencia se ha vuelto la sombra que oscurece el horizonte ajeno,

el rastro de quien, hundiéndose en lo profundo,

termina por arrastrar consigo la luz que a otros todavía les queda.

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Comentarios +

Comentarios1

  • Brom Beto

    Gusté perderme entre tus estrofas, poetisa.
    Shalom, colega de la pluma



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