TE SOÑé Y MUERTE POR CURIOSIDAD

alicia perez hernandez



Te soñé y que triste despertar...

Soñé que te amaba y me amabas y me llevabas de tu mano.

Soñé con tus ojos eternos yo viéndome contigo en tu eternidad.

Soñé tus besos ardientes quemando mi boca en tu hoguera.   

Soñé que abrazaba tú vida y amanecía en tus brazos.

¡Y oh desperté!

y sí! solo era un sueño y entendí que nunca serias mío.

Porque aun amándome decidiste olvidarme. 

Soy la misma flor que tu deshojaste con tu traición  

Habiendo dicho primero que era la primera flor que amabas.

El barro ya lo traías de otra parte no me embarres. 

Señora nada más hay una y esa soy yo. 

por tantos años que llevo en este grupo

Nadie pero absueltamente nadie me ha faltado al respeto

como tú lo haces en cada poema. 

Tan fácil que es que te alejes de mí y yo de ti y punto. 

Bailemos y ojala vuelva el juicio que perdimos en el camino

Desnudemos ese odio_amor que nos ata para destrozarnos

Aunque aquí la engañada fui yo ya se te olvido que volviste a ver LA LUNA

Ahí fue donde disfrutaste batirte en el barro 'Esa Noche'

Ven vamos a arder con el fuego que nos quema por no estar juntos

Bebamos gota a gota este amor que nos consume 

Anestesiemos este amor que no se de cuenta que ya no queda nada.

Deshojaste la primera flor que ambas aunque fuera tu primer amor.

Y  decidimos suicidar este amor con desamor la droga que mata hasta el alma.

Alicia Pérez Hernández… México

No es la pluma la que escribe, es el alma

Todos los derechos reservados©

MUERTE POR CURIOSIDAD

​Me metí tu engaño por la vena porque la realidad me daba sueño.

Fuiste la droga perfecta: cara, adulterada y con un efecto secundario de idiotez crónica.

Me vendiste el aroma de una flor y te compré hasta el abono,

sin darme cuenta de que lo único que crecía aquí era mi propia miopía.

​Bravo. Me desvaneciste con una burla y yo,

el estiércol perfecto de tus mentiras,

me quedé aplaudiendo el truco mientras me robabas hasta la sombra.

Soy el perdedor profesional, el que degusta el amor falso

como si fuera un vino de reserva, aunque sepa a vinagre y desprecio.

​¿Terror? Por favor. Eres solo un mal hábito,

una mancha de grasa en el traje de mi ego que ya ni siquiera trato de lavar.

Digo que mi esencia es la condena porque suena más noble que admitir

que me gusta el sabor del barro cuando lleva tu nombre.

​No tengo labios, ni amada, ni dignidad.

Solo esta perpetuidad de lamer las cadenas

y llamar "destino" a lo que simplemente es falta de huevos para irme.

​Pero basta. Hastiémonos de una vez. Olvidemos el mañana.

Ven y dame ese último baile de cómplices,

donde nos desnudemos hasta que el frío nos devuelva el juicio.

Vamos a consumirnos hasta que no quede ni el rastro de la duda,

haciéndole una poesía de carne y rabia a esa luna de mierda.

​Que nos mire el cielo de piedra, impasible y eterno,

que se quede con ganas de entender cómo dos desperdicios

pueden arder con más fuerza que todas sus estrellas muertas.

Bebámonos el propofol hasta el fondo, que no quede ni gota para el recuerdo.

​Y cuando el sol se asome, que brille hasta suicidarse de curiosidad,

intentando alumbrar un hueco donde ya no queda nada, ni nadie, ni un solo átomo donde volver.

Autor: Álvaro Sampayo 

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.