Antes incluso de tocar tus labios
Antes incluso de tocar tus labios con los míos,
mis ojos te besaron en más de una ocasión,
sin permiso del tiempo, sin testigos del destino,
como quien cruza un puente invisible
sobre el abismo suave de la duda.
Te vi llegar antes de saber tu nombre,
antes de que tu voz existiera en el mundo,
antes de que el azar te diera forma de encuentro
y te sentara, sin prisa, en el borde de mis días.
Y sin embargo ya te reconocía.
Como se reconoce la lluvia en el olor del aire,
como se reconoce la ausencia de algo
que aún no se ha perdido.
Mis ojos te besaron primero en la distancia,
en la esquina callada de una tarde cualquiera,
cuando el mundo seguía girando sin sospechar
que tú ya habías empezado a existir en mí.
Te besaron en el reflejo de vitrinas apagadas,
en rostros que se parecían a ti sin ser tú,
en sombras que aprendían tu silueta
antes de que tú la conocieras.
Y cada mirada era un ensayo secreto,
una forma tímida de acercarse al milagro
sin romperlo, sin nombrarlo,
como quien teme despertar a lo imposible.
Antes incluso de tocar tus labios con los míos,
mis ojos ya habían cometido la ternura,
ya habían desobedecido la prudencia
y se habían rendido a tu forma de aparecer.
Te besaron en el silencio de las calles largas,
en el café que se enfriaba entre pensamientos,
en las noches donde el insomnio
te dibujaba sin pedir permiso.
Y yo, sin saberlo, te fui inventando
en cada parpadeo, en cada pausa,
en cada instante donde el mundo se volvía leve
y tu imagen ocupaba todo el aire.
Hubo un día en que te vi sin verte del todo,
como se ve la verdad detrás de un vidrio empañado,
y supe —sin saberlo—
que ya te había amado con la mirada antes de conocerte.
Porque hay amores que no nacen del contacto,
sino de una paciencia antigua de los ojos,
que aprenden a tocar sin manos
y a quedarse sin permanecer.
Antes incluso de tocar tus labios con los míos,
mis ojos te besaron en más de una ocasión,
y en cada una de ellas
regresé distinto al mismo lugar.
Ahora que estás cerca,
que el mundo te ha puesto a mi alcance,
entiendo que todo lo anterior era preparación:
una forma de aprender tu luz sin quemarme.
Y aún así, cuando te miro de nuevo,
mis ojos repiten el antiguo gesto,
como si no hubieran terminado nunca
de besarte antes de tocarte.
—Luis Barreda/LAB
Glendale, California, EUA
Diciembre, 2022.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 18 de abril de 2026 a las 01:11
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4

Offline)
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