◇ Abigail y Débora
Cuento
Esta es la historia de dos amigas adolescentes: Abigail y Débora. Gran parte de sus vidas transcurrió en aparente armonía, siempre unidas, casi inseparables.
Pero un día, una de ellas tomó pastillas mezcladas con alcohol y falleció, quedando en las tinieblas.
Abigail, profundamente apenada por la partida de su amiga, elaboró un plan para rescatar su alma.
Ambas solían jugar con una perra ovejero alemán llamada Tempo, regalo del padre de Abigail para su cumpleaños. La amaban hasta la médula.
La idea consistía en hacerle llegar un mensaje a Débora.
Abigail recordaba las largas charlas nocturnas, hasta bien entrada la madrugada, cuando se contaban la vida. Las unían la edad, las mismas inquietudes, los errores, las alegrías y los anhelos. Ahora, sola con su perra, la idea del mensaje volvía una y otra vez.
Una mañana, sin proponérselo, se encontró escribiéndolo. Se dejó llevar.
Recordaba cómo Débora solía decirle: —No son buenos mis días.
Abigail quería hacerle saber que debía hacer un esfuerzo más para encontrar un lugar de paz para su alma.
Después de escribir el mensaje, buscó un sitio seguro donde guardarlo. Un día, en la casa de Débora, redescubrió un pequeño y hermoso broche que su amiga solía usar. Recordó que se abría y tenía un diminuto espacio en su interior.
Se lo pidió a sus padres, y ellos accedieron.
Abigail transcribió la nota y la colocó dentro del broche. Quedó satisfecha: había avanzado un paso más. Pero ¿cómo lo entregaría?
Pensó que el destino se encargaría.
Días después, llevó a Tempo a la veterinaria del barrio porque le molestaban los oídos.
Debieron sedarla un poco para poder revisarla. Todo parecía transcurrir con normalidad.
Abigail se sentó en la sala de espera y tomó un libro para calmar su nerviosismo.
De pronto…
Un golpe seco resonó en la sala.
La asistente y la doctora se inquietaron. El murmullo comenzó a crecer.
Abi yacía en el piso.
Llamaron de urgencia a una ambulancia.
Cuando despertó, estaba en el hospital, junto a sus padres.
Preguntó por Tempo.
—Está bien —le dijeron.
Luego preguntó por Débora.
—Descansa en paz —respondió su madre.
Abigail dudó un instante, y entonces preguntó:
—¿Entregué el mensaje?
Su padre la miró con serenidad.
—Sí.
La madre, intrigada, preguntó:
—¿Qué decía la nota?
Abigail recordó:
—“No te puedo devolver la vida.
Solo te pido que me esperes.
Busca resguardar tu alma.
Pide perdón… y sigue a los niños.”
Los tres se abrazaron.
El médico, a su lado, sonrió.
♣ Autor:
Vientoazul 🦋⃟
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Autor:
Vientoazul (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 18 de abril de 2026 a las 00:19
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Salvador Santoyo Sánchez, Tommy Duque, MonCiel
- En colecciones: Laberinto azul, Susurros en papel.

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