Aceptamos la debilidad de la carne, oh. Ante tal belleza y sensualidad de la dama,
que engañosa es la lujuria, pretender que con ella llega el deseo de Amar, es pecado en cuanto amas,
vulnerable somos todos, no da temor afirmar que la hermosura atrae, su silueta muestra un llamado a tocar y pedir el deseo,
que saciar los más íntimos placeres nos arrebata la conciencia humana, y sí vivo en la castidad conyugal, es el amor de Magdala, lo que espero; y ese llamado de cumplir con mis deberes.
Y los no casados, practicarán la castidad en la continencia, no lo sé. Este pecado terrenal se presenta con figura de diosa y una voz susurrante, si cometí tal falta, que sea la condena más ardua, pero que no me aleje de mi alma y de mi amada.
Forjar mi ascesis, desearía una apertura a la fecundidad, pero nunca la contracepción, mi cuerpo le pertenece tanto como mis pensamientos, ¿será demasiado tarde?
lujuria entra en mi dormitorio, y no alejes a la mujer amada y soñada, porque en ti veo una cascada de su llamada.
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Autor:
Carlos Gallo Ibarra (
Offline) - Publicado: 17 de abril de 2026 a las 15:13
- Comentario del autor sobre el poema: En toda historia de amor, la lujuria se presenta y quiebra el lazo fecundo del amor, y ante este acto solo el perdón logra sanar y, el amor debe crecer y fortalecer el vinculo. Para ti mi amada
- Categoría: Erótico
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Salva45, Mauro Enrique Lopez Z.
- En colecciones: Deseo.

Offline)
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