Entraste así…
sin pedir permiso,
como un suspiro tibio
cuando el alma ya se rendía.
Como un cuchillo en la mantequilla,
suave… inevitable…
te abriste paso en mi vida
cuando ya no creía en nada.
Y no hice ruido,
no puse barreras,
porque había algo en ti
que se sentía como hogar
aunque nunca hubiera estado ahí.
Te metiste en mis pupilas
como la luna curiosa
que se asoma por la rendija
de una noche que promete quedarse.
Y te fui queriendo…
sin calendario,
sin reglas,
sin ese miedo absurdo
de amar demasiado.
Te quise como se quiere lo imposible:
sin medida,
sin lógica,
sin pensar en el final.
Porque nadie lo buscaba…
y aun así,
nos encontramos.
Porque nadie lo planeó…
y aun así,
nos elegimos.
Éramos dos casualidades
que el destino decidió no ignorar.
Fuiste lluvia en mi desierto,
y yo…
yo era tierra seca
esperando rendirse o florecer.
Mojaste mi fe,
ahogaste mis dudas,
y en el silencio más profundo
tu voz se volvió refugio.
Amor del bueno…
de ese que no grita
pero lo cambia todo.
De ese que no promete eternidad,
pero deja huella
como si la tuviera.
Y ahora…
cuando cierro los ojos,
todavía habitas mis sueños
como si nunca te hubieras ido.
Como si el tiempo no entendiera
que ya no estás aquí.
Porque hay amores
que no se repiten…
solo se recuerdan.
Y aunque el destino
alguna vez se apiadó de mí…
también me enseñó
que lo más hermoso
no siempre es lo que se queda,
sino lo que te transforma
antes de partir.
-
Autor:
Luis de leon (
Offline) - Publicado: 17 de abril de 2026 a las 01:41
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.