La sombra de Dios

Joan Vivancos

 
Surgen copiosas 
 
las sombras, esquivas, 
 
eterno séquito
 
rasgando su noche.
 
 
Expectantes quieren 
 
del día amagarse 
 
en su velo azabachado.
 
 
Sombras inquietas
 
tan solemnes 
 
sin vida propia, 
 
nómadas solitarias, 
 
amargadas, tenaces,
 
moviendo su contorno
 
en paredes y caminos,
 
besando fieles 
 
las huellas del huésped 
 
delineando su mudez 
 
en su tez tan oscura.
 
 
Sombras silentes y afónicas,
 
disimuladas, calladas, 
 
asidas a los cuerpos
 
son errantes almas 
 
esposadas a la vida.
 
 
Sombras que se escapan,
 
bailan idas,
 
se dividen y redoblan
 
en su sombría silueta.
 
 
¿Somos nubes
 
reflectadas a la tierra
 
opacas y solemnes?
 
 
¿Penumbra somos, 
 
umbría infinita 
 
que proyecta 
 
la mano tiritada 
 
del esclerótico 
 
Dios moribundo?
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