Belleza que permanece

Luis Barreda Morán

Belleza que permanece

Bonito es el reflejo en el espejo,

la luz suave que acaricia el rostro,

la curva exacta de una sonrisa

que el mundo aprende a aplaudir sin preguntar.

 

Bonita es la forma en que caminas,

la armonía de tus pasos sobre la tierra,

los ojos que capturan miradas

como si fueran promesas fugaces.

 

Pero hay algo más profundo,

algo que no cabe en la superficie,

algo que no se nombra con prisa

ni se mide con los ojos.

 

Ser bonita no es igual que ser bella.

Bonita es como te ves; bella es quien eres.

Lo bonito está en la cara y en el cuerpo; la belleza está en el corazón y en el alma.

Lo bonito se desvanece; la belleza crece.

 

Y entonces comprendo

que lo bonito es apenas un instante,

una chispa breve en la piel del tiempo,

una flor que inevitablemente se marchita.

 

Porque lo bonito vive en la forma,

en la línea perfecta, en lo evidente,

en lo que todos pueden ver

sin detenerse demasiado.

 

Pero la belleza…

la belleza habita en lo invisible,

en los silencios que abrazan,

en la bondad que nadie exige.

 

Belleza es la mano que ayuda sin testigos,

la voz que consuela cuando todo duele,

la paciencia que florece en medio del caos,

la ternura que resiste al mundo.

 

Bonita puede ser la noche estrellada,

pero bella es la esperanza que despierta.

Bonito puede ser un gesto aprendido,

pero bella es la intención sincera.

 

Y mientras lo bonito se disuelve

como la niebla al amanecer,

la belleza se queda,

crece, se transforma, permanece.

 

Porque ser bonita es un regalo del instante,

pero ser belleza

es una decisión del alma.

 

—Luis Barreda/LAB

Tujunga, California, EUA 

Noviembre, 2022.

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