Dónde vas a ir ahora.
La noche está oscura.
No salgas.
Ven.
Mira.
Todo lo tapa un negro sólido
que ninguna luz taladra.
Escucha.
Es el granizo rompiendo cristales,
silencios y tejas.
Cuando llegaste
te abrí la puerta de mi casa,
los brazos de mi alma.
Juntos pintamos las paredes.
Donde sólo había muros,
abrimos ventanas.
Nuestra casa está siempre iluminada:
de blanco por la mañana,
de rojo por la tarde.
Tenemos calor para el invierno,
tenemos fresco en verano.
Por favor.
No te vayas.
¡Mira!
Ríos de lodo y podredumbre corren las aceras.
De la tierra nacen flores de hielo
que cortan
manos
y
piernas.
¡Escucha!
Todo es silencio.
Todo calla.
Antes de ti,
salir era ir al gris.
No había azul en el cielo,
ni blanco en las nubes.
No tenían marrón ni verde los árboles.
No se repartían todos los colores por las flores.
La noche no era negra.
No había plata en la Luna y las Estrellas.
Contigo en casa,
el Arco Iris se besa a las maderas y a las jambas,
retoza en las bisagras y en el quicio de la puerta.
Por favor no me dejes.
No cruces la puerta.
No salgas a esa nada.
No pises ese suelo.
Que todo lo que toca
se cristaliza en piedra,
se funde en brea,
se vuelve asfalto.
Que todo lo que le cae encima,
lo hace calle.
¡No lo notas!
Algo en el aire
traspasa los cuerpos,
los recorre,
envenena sangre y venas,
hace carbón los corazones.
¡No te enteras!
Si se van tus ojos,
si no me miran
se me va la luz,
se me va todo.
Si no se funde en mí tu sombra,
si no eres esqueleto de mi vida
ni se sostiene mi cuerpo
ni la muerte me acompaña.
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Autor:
Jobaga (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de abril de 2026 a las 17:39
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco
- En colecciones: La pieza que falta.

Offline)
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