TIEMPO DE NOCHE NEGRA

José Bayón Garcinuño

Dónde vas a ir ahora.

La noche está oscura.

No salgas.

 

Ven.

Mira.

Todo lo tapa un negro sólido

que ninguna luz taladra.

 

Escucha.

Es el granizo rompiendo cristales,

silencios y tejas.

 

Cuando llegaste

te abrí la puerta de mi casa,

los brazos de mi alma. 

Juntos pintamos las paredes.

Donde sólo había muros,

abrimos ventanas.

Nuestra casa está siempre iluminada:

de blanco por la mañana,

de rojo por la tarde.

Tenemos calor para el invierno,

tenemos fresco en verano.

 

Por favor.

No te vayas.

 

¡Mira!

Ríos de lodo y podredumbre corren las aceras.

De la tierra nacen flores de hielo

que cortan

manos 

piernas.

 

¡Escucha!

Todo es silencio.

Todo calla.

 

Antes de ti,

salir era ir al gris.

No había azul en el cielo,

ni blanco en las nubes.

No tenían marrón ni verde los árboles.

No se repartían todos los colores por las flores.

La noche no era negra.

No había plata en la Luna y las Estrellas.

 

Contigo en casa,

el Arco Iris se besa a las maderas y a las jambas,

retoza en las bisagras y en el quicio de la puerta.

 

Por favor no me dejes.

No cruces la puerta.

No salgas a esa nada.

No pises ese suelo.

Que todo lo que toca

se cristaliza en piedra,

se funde en brea, 

se vuelve asfalto.

Que todo lo que le cae encima,

lo hace calle.

 

¡No lo notas!

Algo en el aire

traspasa los cuerpos,

los recorre,

envenena sangre y venas,

hace carbón los corazones.

 

¡No te enteras!

 

Si se van tus ojos,

si no me miran

se me va la luz,

se me va todo.

Si no se funde en mí tu sombra,

si no eres esqueleto de mi vida

ni se sostiene mi cuerpo

ni la muerte me acompaña.

 

 

 

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