“Ser” sin necesidad de parecer distinto.
Se insinuó un tiempo,
en que la forma era promesa
de reconciliación sin consumarse,
tampoco ruptura.
Ella ya contenía su límite,
inscrita antes de cualquier intento de sostenerse.
Lo que se nombra como esencia,
no fue hallazgo,
fue lo que quedó tras el intento de borrado que fracasó.
Mentían.
Siempre ha habido imperfección,
luz enferma sin testigos,
antes de que la reflexión le encerrara en lo reconocible.
Creciendo torcida:
buscando singularidad equivocada,
alimentándose de restos,
creyendo que la altura consagra lo expulsado.
Sin embargo —mirar con el rabillo del ojo—
erguido en la propia deformidad,
con una corona hecha de intentos fallidos,
pesando más que cualquier culpa.
Fue juez.
Fue verdugo.
La sentencia repitiéndose en bucle,
incluso cuando dudaba de su ley.
En tensión el sello empieza a ceder,
no como voluntad de ser distinto:
permanencia mientras se desestabiliza.
“Corrige.”
“Purifica.”
“Reconcilia.”
“Arranca lo inútil.”
el hierro sigue siendo inmutable
bajo la llamarada que expele brillo ajeno.
Qué pulcritud en el daño.
No hay versión final de uno,
solo lo que deja de ser en el acto.
Pero algo —
algo “irreconciliable”—
se niega a morir.
Un punto donde uno frena el desarmarse.
En la penumbra,
cuando ya no quedan palabras nobles
para justificar la mutilación,
aparece desarraigada a redención o consuelo.
Más bien presencia, cruda,
persistente en sí misma.
Viva.
Entonces se asoma —
no como enemigo, ni como desaciertos,
como lo único en pie.
¿Reconocerse? ¿Incluso aquí?
¿A esto?
¿A esta mezcla de ruina y persistencia,
de lucidez momentánea,
de deseo que corrompe
y voluntad que no alcanza?
El momento de la risa;
el silencio se rompe.
No cae: se astilla.
Algo que no debía decirse… ya ha ocurrido,
es precaria, rota, violenta.
No se trata de elevarse o redimirse.
Se aparta la idea de seguir fingiendo
que uno es otra cosa.
Así que se desciende.
A lo informe, lo contradictorio,
a lo que no necesita aprobación
ni soporta estructura.
Ahí —
sin gloria,
sin épica,
ausente de esa mentira llamada “superación”—
Incluso en la profundidad sin nombre
donde pululan las ratas y colas de gusanos,
hay una fuerza obscena,
una forma de poder
que no necesita volverse bella
un parpadeo que insiste en ser infinito.
Si… esto es lo que es,
entonces en el rojo de cerezos que arda —
no como castigo,
sino como afirmación.
No hay prisa ni desenlace.
Solo un vórtice,
repetición sin voz que mantiene
el andar de lo que no quiere terminar.
Lo que ocurre no muta,
solo deja de ser adversario de la mente.
Desde allí sigue girando,
consistencia moviéndose sin avanzar
dentro de una montaña inmóvil.
Quizás hay acuerdo en la tumba,
o la suspensión del intento de enmendar
lo que no fue diseñado para ajustarse.
xElthan
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Autor:
Elthan (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de abril de 2026 a las 00:28
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 17
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Osler Detourniel, Salvador Santoyo Sánchez, El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z., Daniel Omar Cignacco

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