Donde el silencio aprende a nombrarte
Si alguna vez me encuentras detenido
en la mitad de un día que no avanza,
con los ojos abiertos pero ausentes
y el alma suspendida en una grieta invisible,
no intentes rescatarme con palabras,
ni iluminar con preguntas lo que arde en penumbra;
hay batallas que no quieren ser contadas,
hay dolores que respiran mejor en voz baja.
Acércate despacio, como quien entiende
que el mundo puede quebrarse con un gesto brusco,
y deja que tu presencia se pose sobre mí
como la lluvia leve que no pide permiso.
Porque hay instantes en que existir duele,
y lo único que salva
es saber que alguien se queda
sin exigirle sentido al abismo.
Cuando la noche me arrastre hacia su fondo
y me vista con su antigua soledad de piedra,
no me preguntes por qué me pierdo,
ni busques mapas en mis manos vacías;
hay caminos que no llevan a ninguna parte
y, aun así, uno debe recorrerlos.
Camina a mi lado en ese territorio incierto,
sin miedo al silencio que nos nombra sin voz,
y deja que nuestros pasos sean
la única respuesta necesaria.
Si alguna vez mis ojos te atraviesan
como si fueras apenas un reflejo distante,
no construyas tormentas con mi ausencia,
ni levantes muros con mis descuidos;
hay días en que el alma se repliega
como un animal herido en su guarida,
y no sabe reconocer la luz,
aunque la tenga enfrente.
Perdona entonces mi torpeza de no saber mirarte,
mi incapacidad de quedarme en lo que amo
cuando el mundo se vuelve un ruido insoportable;
quédate, si puedes,
sin exigirme claridad en medio del naufragio,
porque incluso en mi extravío
hay un lugar que pronuncia tu nombre en secreto.
Si decides quedarte en mi vida,
no vengas con el miedo atado a las manos,
ni con la duda midiendo cada paso;
entra como quien confía en la tierra que pisa,
como quien se abandona al río
sin preguntarle por su destino.
Tengo dentro estaciones enteras
esperando pronunciarse en tu abrazo,
primaveras intactas que no han conocido
otro nombre que el tuyo.
Y si alguna vez el mundo te pesa demasiado,
si la realidad se rompe en mil fragmentos
y no sabes cómo sostenerlos,
ven a mí sin explicaciones,
sin la carga de tener que ser fuerte;
en la sencillez de un abrazo
caben todas las respuestas que no existen,
y yo he aprendido a sostener el temblor
sin pedirle al dolor que se justifique.
Pero si un día decides partir,
si tu amor se convierte en viento
y busca otros horizontes,
no adornes tu despedida con palabras suaves,
ni intentes dulcificar la herida;
hay verdades que duelen menos
cuando llegan desnudas.
Prefiero el silencio honesto de tu ausencia
a la mentira delicada de un adiós perfecto.
No me prometas recuerdos eternos,
ni me jures que algo de mí vivirá en ti;
solo deja que el tiempo haga su trabajo
y que la memoria decida qué conservar.
Pero si alguna vez, sin querer,
mi nombre cruza tu pensamiento
como una sombra tibia,
no lo apartes con prisa:
déjalo reposar un instante,
como se deja una canción
que alguna vez nos salvó.
Porque amar también es aceptar
que todo puede terminar,
y aun así haber sido verdadero.
Y en ese último rincón donde habita la dignidad,
vive la certeza humilde y luminosa
de haber sido, aunque sea por un instante,
el hogar de alguien más.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Diciembre, 2023.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 16 de abril de 2026 a las 00:07
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z., Daniel Omar Cignacco

Offline)
Comentarios1
La genialidad y la belleza alumbra tus bellas y sinceras palabrtas estimado Luis Barreda
Saludos españoles de Críspulo
El Hombre de la Rosa
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