Ausencia

Luis Barreda Morán

Ausencia

Aquí me tienes,
como un reloj que no sabe a qué hora romperse,
como la llave que olvidó para qué cerradura nació.
Bajo la sombra de la duda —ese árbol que no da fruto,
solo ramas que se enredan en el pecho—
te pienso.
Como siempre.
Con esa costumbre que duele más que el frío,
esa manía de contar los segundos
como si cada uno fuera una moneda
para pagar el paso de tu ausencia.

He intentado escribirte cartas
con la punta de los dedos sobre el polvo de la mesa,
pero el viento de la indecisión
se las lleva antes de que termine la primera letra.
He ensayado frases frente al espejo:
"¿Sabes? El café de esta tarde sabe más amargo sin ti",
o "Pasé por esa esquina donde nos besamos por primera vez
y el semáforo seguía en rojo, como yo".
Pero todo suena a mentira
o, peor, a verdad demasiado pequeña
para caber en un "hola" casual.

Así que invento pretextos.
Los más tontos.
Los que cualquier otro se reiría de pronunciar.
"Se me olvidó decirte que el martes hay luna llena" —diría—,
o "¿No te parece raro que los pájaros canten igual
aunque se haya muerto alguien?"
Pretextos de esos que nacen del miedo,
de ese miedo hermoso y ridículo
a llamar a las cosas por su nombre:
te necesito.

Salgo entonces a buscarte
sin brújula, sin mapa, sin la certeza
de que aún vivas en la misma dirección.
Recorro las calles como quien deshoja una margarita:
está en la panadería, no está,
está en el parque de las magnolias, no está.
Y en cada esquina me tropiezo con tu fantasma,
ese que no tiene cara pero me mira
con tus ojos que guardo en la memoria
como se guardan los vidrios rotos:
con cuidado y con sangre.

Llego a tu puerta.
Pero las palabras que me trago
son piedras de río: redondas, lisas, imposibles de lanzar.
Las he masticado tantas veces
que ya saben a saliva y a derrota.
"Te echo de menos" se convierte en "qué buen día hace",
y me duelen las noches sin ti en "¿viste el partido de ayer?"
El corazón se me sube a la garganta
y yo lo bajo a empujones,
lo disfrazo de tos, de suspiro, de silencio.

Pero aquí me tienes.
De vuelta en la sombra de la duda,
otra vez pensando en ti
como quien piensa en un idioma que olvidó
pero que aún late en la punta de la lengua.
Inventando otro pretexto más tonto:
"Se me cayó un poema por la mitad de la acera,
¿me ayudas a encontrarlo?"
O, simplemente,
llamar a tu nombre
y dejar que el viento decida
si te llega o si se lo lleva
como se lleva las hojas muertas,
como se lleva todo
cuando no se tiene el valor
de decir:
no sé vivir esta vida
sin la mitad de mí que te fuiste llevando.

Y mientras tanto,
aquí me tienes.
Como siempre.
Bajo la sombra.
Pensando en ti.
Esperando.
Inventando.
Tragándome las palabras
que podrían, tal vez,
si algún día las suelto,
decirte por fin
la falta
que me haces.

—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA 
Julio, 2024.

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Offline Offline)
  • Publicado: 15 de abril de 2026 a las 00:15
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 6
  • Usuarios favoritos de este poema: Eduardo Rolon
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