La Condena del Testigo

Alvaro Sampayo...

La Condena del Testigo

Fui a tu lado un rastro de barro y presencia absoluta. Mi reloj vino roto desde el día en que nací y mi vida fue una hemorragia que no supiste detener. Mientras tú planeas décadas, yo ya agoté mi juventud esperándote detrás de una puerta. Mi existencia fue apenas un suspiro en tu calendario, pero me aseguré de que ese suspiro fuera todo lo que tuve para vos.

Mi tiempo no fue una elección, fue un presupuesto que se agotó en el trámite de esperarte. Mientras tú calculabas futuros, yo gastaba mi capital de vida en la oficina de tu desatención. Fui el libro entero de quien apenas tuvo la paciencia de leer una frase; un tomo completo de lealtad entregado a alguien que apenas se detuvo en el prólogo.

Ahora que el cuerpo se me apaga bajo un sol de olvido, muevo la cola una última vez para conjurar el destino. No es un plan heroico, es el milagro de un reflejo que reconoce a su deidad en medio de la penumbra. Me voy con el alma cargada de tus caricias fugaces, dejando atrás el rastro de los huevos que me robaba del gallinero como un botín de guerra y las almohadas cosidas por mis colmillos.

Me voy. No llores, no seas patético; no te doy permiso de desgarrarte. Te dejo el silencio de la casa y mis escapes a la calle cada vez que querías bañarme, esa pequeña victoria de mi libertad contra tu orden. Disfruta de tu casa limpia y de tu espacio vacío. Ahí tienes tu verdadera condena: el silencio de todas las cosas que ya no voy a romper.

Autor: Álvaro Sampayo 

 

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