Adelita

Jorge RGF

Creo que toda tu vida fuiste tan feliz;
se notaba al ver tu sonrisa,
que desbordaba de oreja a oreja.

No recuerdo cuál día te fuiste,
solo sé que no paraba de llorar,
y mientras en la radio sonaba “Happy Together”,
yo escuchaba a Mon Laferte cantar “El cristal”.

Te lloré en cada nota,
porque a mi abuela, ya no la vería más.
Y mientras tú ya descansabas con tu Negrito,
la familia se empezó a distanciar.

Tengo siempre presente
cuando salíamos al parque en las mañanas:
de una mano iba yo,
en la otra, mi hermana;
cuando nos pegabas, por no querernos bañar.

Dormirme en el piso de tu casa
era de mis cosas favoritas,
así como el espagueti de Cristi,
las veces que vi, admirado,
cómo comías mango, mole
o cualquier cosa que te ensuciara.

Poque tu, disfrutabas mucho la comida,
ya veo a quién salió papá.
y siempre me veías con esa mirada alegre,
que incluso cuando te dio Alzheimer, no perdiste,
ni dejaste de reír,
aun si tu Negrito, sin una pierna,
o sin saber quién era el que te hablaba.

Por eso creo que cada que pienso en ti, maestra,
es difícil no tener un nudo en la garganta.
No por cómo te vi,
no por cuánto te pensé siendo niño,
no porque lleve tu medalla de San Benito, siendo cristiano,
o al ver a papá te vea a ti,
o en una pelea me enterara
que no me aceptabas por ser hijo de la nueva famila de mi padre;

sino porque te quiero,
y he entendido que, aunque ya no estés,
este sentimiento no se va a perder.

Por eso hoy le escribo a la memoria:

Para Adelaila,
que cambió su nombre a Adela,
pero para mí siempre será Adelita,
mi abuela, la más bonita.

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