Un bastón con mango de nácar sobre el suelo,
una taza de café, a medio tomar, en la mesita,
la mecedora de mimbre, vacía... sin el abuelo
Los viejos vuelven a ser niños...
caminan lento, con paso inseguro
Su piel se torna tan suave como el armiño,
le tienen pavor a los cuartos oscuros
En cada viejo hay un niño escondido
jugando a encontrar la conciencia
Cada viejo es un niño perdido
en los laberintos de la inocencia
Un bastón con mango de nácar sobre el suelo,
una taza de café, a medio tomar, en la mesita,
la mecedora de mimbre, vacía... sin el abuelo
Siempre se vuelve al lugar de partida,
la vida es un anillo de bodas blancas,
cuyas revueltas nunca terminan
Los que un día se fueron por la barranca,
siempre estarán presentes en la memoria
Los que ahora yacen con vestiduras blancas
quedarán inscritos en nuestra historia
Un bastón con mango de nácar sobre el suelo,
una taza de café, a medio tomar, en la mesita,
la mecedora de mimbre, vacía... sin el abuelo
Adiós, abuelo...
Regresa pronto.
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Autor:
Antonio_cuello (
Offline) - Publicado: 13 de abril de 2026 a las 11:30
- Categoría: familia
- Lecturas: 18
- Usuarios favoritos de este poema: Hernán J. Moreyra, Salva45, El Hombre de la Rosa, Daniel Omar Cignacco, Sergio Alejandro Cortéz, El desalmado, Scarlett-Oru, Antonio Pais, Tommy Duque, CARMEN DIEZ TORÍO, Emilia🦋, alicia perez hernandez, Poeta al atardecer., racsonando, Osler Detourniel

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