Ninfa, fresia de la pradera,
descalza sobre la tarde,
lleva el sol en sus caderas,
y un dulce temblor que la arde.
La hierba cede a su paso,
como si supiera el rito,
Un rumor suspiran sus labios
De un nombre aun no dicho.
Entonces tiembla la tierra,
como en presagio encendido,
y alza su forma la fiera,
el Toro que la ha elegido.
No hay temor en su mirada,
ni sombra turba su duda,
solo una sed despertada
bajo la carne desnuda.
Él se acerca —antiguo fuego—,
con aliento estremecido,
y en un sagrado sosiego
la alza en su pulso encendido.
Y el mundo cede distante,
cuando en el mar se perdiera,
cruza su cuerpo vibrante
sobre la espuma primera.
El viento lame su espalda,
la sal consagra su anhelo,
y el mar desata su falda
como un umbral hacia el cielo.
Hacia Creta, isla dormida,
donde el deseo es ley primera,
la forma es al fin dejada,
y el dios en carne se entrega.
Ojos de brasa encendida,
verdad sin nombre ni forma,
Europa, al fin ofrecida,
se rinde al pulso que la nombra.
Como quien sabe el destino,
y en él su llama comprende,
hay fuegos que en lo divino
el alma ya no defiende
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Autor:
Hernan Tauro (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 13 de abril de 2026 a las 11:17
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema está inspirado en el Rapto de Europa , la ninfa Fenicia de la que Zeus se enamoro y transformado en toro sedujo a la doncella y una vez consumado el acto de amor , en honor a ella dió nombre al continente y creo la constelación de Tauro. Y en base a estos datos es un poema escrito para mi mujer.
- Categoría: Erótico
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Osler Detourniel, El Hombre de la Rosa, Daniel Omar Cignacco, Sergio Alejandro Cortéz, Antonio Pais, alicia perez hernandez

Offline)
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