A mí madre

Alex Pantoja 23

A mí madre 


Si hay alguien
al que le debo
todos los
"te amo",
"te quiero"
y "disculpas"
que se pueden
decir en toda una vida,
es a mi madre,
porque
son palabras
que en lo que llevo
de vida
no he sido
capaz de decírselo. 


II

Tengo
tantas
disculpas
que ofrecerte,
tantos
perdones
que darte,
que tengo la
incertidumbre
de si me bastará
el tiempo
que le queda a
mi vida para llegar 
a dartelos todos.
Hasta tengo
la duda
de que si me llegaran
a otorgar
dos o tres vidas
más,
me alcance el
tiempo
para llegar a hacerlo.
Pero si de algo
sí estoy
seguro,
es que si de existir
la reencarnación
y yo tuviera que vivir
otras vidas
y como consecuencia
tuviera
otras madres,
tú siempre
serás la mejor
madre
de todas mis vidas.


III 


No quería
que abrieras
la puerta
y vieras
a ese despojo
humano
decaído,
frágil y
asustado.
Yo no quería
ver tu mirada
llena de decepción,
ni quería
ver tus
lágrimas
asomarse
por tus ojos,
ni quería que me vieras
en ese estado
tan vulnerable
como en el que nunca he
estado en mi vida;
y sin embargo,
al tú cruzar por
esa puerta y verme,
tuve
que mirarte
en el mismo estado
en el que yo me
encontraba.


IV

¿Ven este
poema?
Lo sé,
es algo
corto,
pero
en él
hay una
palabra
que a

me ha
aterrado
mucho
decirle
a mi madre
en los
pocos
años
que tengo
de vida;
pero
mi raciocinio,
mi corazón,
dicen que sí,
que ya puedo,
y mi valentía
me dice que
ya tengo
la suficiente
fuerza
para
decirlo:
madre,
te amo.

 

V

Sabes...
también
me aterra
cada día
la idea
de que,
si yo
muero
primero,
tú seas la que
tenga
que
sobrevivir
a mi falta.
Y que en ese
momento tengas
que aceptar
la idea
de que yo
me vuelva
un ser
completamente
de mármol.
Pero mi
angustia
cobra aun
más fuerza
cuando
se me viene
a la mente
aquel
pensamiento:
de que tengas
que reconocer 
mis restos
entre los otros.


VI

Espero...
constantemente
espero
que aún no
llegue el
día
en el que suene
ese teléfono,
y al
contestar,
escuche
la horrible
noticia
de que te
has marchado.
Porque a partir
de ese momento,
además
del
desánimo,
la pesadez
y la soledad...
tendría yo
que empezar
a aprender
a sobrevivir
también a tu falta.


VII

Por si te llegas
a ir antes
de lo esperado,
no hablaré
con nadie
sobre ti;
no escribiré nada.
Pensaré
en un pensamiento
oscuro para
evitar el pensarte.
Haré de cuenta
de que aún
vives,
aunque no estés
aquí,
ni en los minutos
de una llamada,
ni en un mensaje,
ni en mi
registro telefónico.
Haré de cuenta
de que estás de viaje
por alguna
playa viendo
cómo las olas
chocan con las
rocas
y cómo besan
tus pies.
E iré con ellos
cuando llegue
ese día,
y veré irte.


 VIII

Sentí
cómo
se
desmoronaba
su
mundo
cuando
le llegó
la noticia
de tu
muerte.
Me
acuerdo
aún
de ese día;
porque ese
mismo
día
me pareció
que algo
en sus
sentidos
se había
quebrado,
uno
por
uno,
y desde
aquel
día
no
me hace
falta
tener
una
conversación
profunda
con ella 
para
lograr 
visualizar
que aún 
lleva consigo 
esos 
escombros.


IX 

Solo me desahogo
en tu mirada;
después de eso
no hay nada
que me pueda
dar tanta
calma.
Hay creación
en ellos,
hay compasión,
hay libertad,
y la belleza
de la poesía
en ellos.
Hay una invitación
a llorar,
a ser vulnerable,
sensible,
humano.

 

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