Habían regado los huertos de la verdad
con la sangre caliente y púrpura de la inocencia.
Habían cortado de raíz la flor de la esperanza
y aplastado con las botas del desprecio.
Profanaron lo más sagrado con el odio gratuito;
sinrazón de la oscuridad, permanente y aceptada,
fuente de su justicia y su moral.
Ciegos, extraviados, ignorantes, ofuscados
contra el bien y los razonables vaticinios
del que vino para hablarnos del Padre
y su proyecto de Reino perdurable.
Aprendices del terror y castradores de vida.
Cortaron la siringe del ruiseñor
y el pico amarillo del estornino
cuando la noche era cómplice de las tinieblas.
Se arropan con buenas palabras y giros lamigosos,
Gustan de dichos y sentencias casi evangélicos.
Quieren construir la religión permitida por el mal
con dogmas versátiles, adaptables al momento,
y dirigida por el nuevo orden impuesto.
Celebrarán solsticios y regalarán cartillas
generosas para los vagos sin futuro.
Cantarán a la libertad y diseñarán la referencia
que regirá la justicia, la moral y la convivencia.
Votaciones cibernéticas alcanzarán su cometido
dirigidas por algoritmos razonablemente ventajosos.
La libertad morirá acuchillada por el lenguaje
manipulado e incesantemente repetido.
Son justos, solidarios con los suyos,
demócratas de lengua fácil para decir y torpes para hacer,
sobrios en el uso de cocaína y destilados,
colaboradores en el reparto de las ayudas sociales.
Hablan de la lucha contra la corrupción
dentro del sistema que han corrompido hasta la náusea.
Fomentan el aborto y la eutanasia movidos por la compasión
y elevado gasto del erario público.
Se agrupan en torno a un futuro no compartido
con el impagable deseo de permanecer
en el gollete insaciable de tragones indiscriminados.
Jugaron al futbol con la cabeza del obispo,
comerciaron con chorizos de monja.
No es precisa la memoria histórica para comprender
su educación, fraternidad y espíritu demócrata:
observad el comportamiento presente.
Perfeccionan las leyes de educación,
y eliminan el esfuerzo y la disciplina
para alcanzar la igualdad, tan deseada,
con el inútil aprobado general.
Ocultan la verdad, siembran la mentira insidiosa
en la esperanza de una cosecha de votos corrompidos.
La sociedad mira sin ver, muda y sorda.
Y yo estoy dentro de ella incapaz y limitado.
Sólo me queda rezar.
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Autor:
Juan Iscar (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de abril de 2026 a las 13:11
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Sergio Alejandro Cortéz, Antonio Pais, Salvador Santoyo Sánchez
- En colecciones: Atardecer.

Offline)
Comentarios1
La sociedad mira sin ver, muda y sorda.
Y yo estoy dentro de ella incapaz y limitado.
Sólo me queda rezar.
Es un contundente cierre.
Saludos poeta Juan Iscar
Saludos Salvador. Estamos en una situación social delicada con la pérdida de valores y una organización mundial que nos lleva hacia la agenda 2030. ¡Terrible!. Al menos, por ahora, podemos expresar nuestros sentimientos. Que las musas te sean propicias.
Tienes razón.
Casi nadie conoce esa agenda 2030.
Lo peor, a nadie le interesa.
Saludos
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