Hoy fue la primera vez
que Emma y yo
salimos juntos a andar en bicicleta,
cada cual en la suya.
Según Emma:
“Ella en la bicicleta chiquita
y papá en la bicicleta grandota”.
En su bicicleta roja, regalo
de su abuela mexicana, Patricia.
Emma todavía usa
las rueditas de apoyo
para no caerse.
Al principio,
a Emma se le salió la cadena
y tuvimos que regresar al apartamento;
sacamos la caja de herramientas
y la reparamos
en la terraza trasera de casa.
En el segundo intento,
una de las rueditas de apoyo
había quedado demasiado alta,
y por eso la rueda de atrás
quedaba en el aire
tras varios intentos de Emma
por pedalear.
No llegamos muy lejos.
Tuvimos que volver a casa
y sacar de nuevo
la caja de herramientas;
esta vez, la reparación fue sencilla.
Fue en el tercer intento
cuando lo conseguimos.
Entonces salimos
y disfrutamos juntos
del placer de la bicicleta.
Sentimos la brisa ligera del verano
sobre nuestros rostros,
mientras avanzábamos
a una velocidad suave, serena.
Emma titubeaba
cuando se acercaban otras bicicletas
en sentido contrario;
pero su juventud, su valentía
y su vigor
la impulsaron a seguir adelante
por el camino peatonal de Haapsalu,
que tiene por lindero el mar tranquilo,
allí donde la gente va
a caminar, a correr
y a andar en bicicleta.
Disfrutamos juntos
de nuestro primer paseo ciclista,
hija y padre,
en un paisaje idílico
bajo la dulzura del verano.
Es gratificante, como padre,
saber que mi hija Emma
desarrolla sus habilidades
motrices, psicológicas y físicas,
y que cada día
se vuelve más independiente.
A mí me alegra, además, pensar
que pronto Emma ya no cabrá
en su sillita de “toddlers”,
la que se adapta
a la parte trasera de mi bicicleta;
y entonces los trayectos
de media y larga distancia
se nos harían más difíciles,
porque tendríamos que hacerlos andando,
y a mí no me gusta caminar
cuando además tenemos que cargar
las bolsas de la compra diaria.
Como decidimos conscientemente
no conducir un vehículo motorizado,
Emma tendrá que aprender
a andar correctamente en bicicleta.
Y yo, mientras la miro avanzar,
comprendo que crecer
también consiste en esto:
en soltar poco a poco la mano,
en ajustar cadenas y miedos,
en regresar a casa cuando hace falta
y en volver a intentarlo
hasta que la alegría, por fin,
encuentra su equilibrio.
Lunes, 20 de junio de 2016
domingo, 12 de abril de 2026
José Mario Calero Vizcaíno e Inteligencia Artificial
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Autor:
Orelac - el Arquitecto Verde (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de abril de 2026 a las 11:35
- Categoría: familia
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
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