El sueño de Carpe Diem

Rafael Parra Barrios

 

Las amistades de mamá 

 

El sueño de Carpe Diem

 

I

 

Dormía profundo.

Viajaba por surcos 

y caminos floridos.

Soñaba en el conticinio 

con mamá. 

Su dulce voz

acariciaba 

y daba paz. 

Paisajes maternos 

y familiares, 

con sus amistades,

afloraban en el edén. 

Era un lugar sutil,

palaciego y frágil,

rodeado de fe

y esperanza, 

que exaltaba su honor. 

Estuve en su dimensión, 

viví su pasión 

y plasmó su adalid 

en mi existencia,

como visión 

y camino a seguir. 

 

II

 

​No era solo una casa,

era un tiempo detenido,

un arcano refugio 

de techos altos 

y murmullos,

donde el silencio 

no era ausencia, 

sino rezo,

y la paz tenía el rostro

de la sobriedad 

de Mercedes María, 

madre inmaculada 

y ejemplar 

que con su mirada bendecía

y cobijaba de amor 

un templo 

de matices tenues,

claro oscuros en armonía 

con una arquitectura

clerical y eterna.

 

III

 

​Mamá, a veces levantada, 

otras sentada,

impregnada de sobriedad, 

esperaba la guardia

de honor.

Nos turnábamos el amor 

en guardias sagradas, 

hijas y amigas,

hilvanando la noche

con vigilias 

y el aroma del chocolate, 

espeso y compartido.

Un rito de cultura y fe

que detenía las sombras. ​

 

IV

 

Yo, el enlace entre su luz 

y nuestro asombro,

custodiaba el umbral

antes de ceder el paso, 

mientras el mundo afuera 

se borraba en su presencia.

 

V

 

​Entonces llegó 

mi hermana mayor,

Toñita, 

con el alba en las manos,

desplegando un cendal, 

celeste con leves sombras,

una insignia

que no pedía batallas, 

sino presencia.

En sus pliegues,

la herencia de Horacio

se hizo carne:

"Carpe Diem",

dictó el sueño,

como un bálsamo

vertido sobre mis   

angustias del mañana        

VI

 

​Desperté a las cinco y treinta y seis,

con la urgencia

de quien ha encontrado

el tesoro del Rey. 

Frente al altar, 

el presente se hizo ancho;

comprendí que la vida

no se espera, 

se cosecha,

que el futuro es un humo 

que se disipa 

ante el hoy, 

que es el fuego,

y que mamá, 

desde el cielo, 

me ha enseñado 

a caminar de nuevo.

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  • Autor: Rafael Parra Barrios (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 11 de abril de 2026 a las 23:55
  • Comentario del autor sobre el poema: Estas letras se inspiran en un sueño que tuve ayer, 10 de abril en mi hogar ubicado en San Felipe. Mañana amplío la información. Estoy cansado. Gracias.
  • Categoría: Espiritual
  • Lecturas: 7
  • Usuarios favoritos de este poema: Rafael Parra Barrios, Antonio Pais, Javier Julián Enríquez
  • En colecciones: Existencial.
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