"La que no supo"

Jose Hugo Rubio River

 

 

Tuve un hijo y fue lumbre; tuve otro y fue alegría;

tuve uno en la infancia —un temblor casi nada—,

mas nunca, hasta tu pecho, supe la noche fría

que deja quien te nombra con voz envenenada.

 

Tu boca fue un otoño de hojas malheridas.

Nunca antes de tu espalda sentí tan denso invierno.

Creí que tus dos manos serían mis medidas,

mas eras tela negra donde tejí mi infierno.

 

Como araña en la grieta tejías tu veneno,

y como gato en sombra que juega a estar dormido,

dejabas en mi pecho un silencio tan lleno

de zarpa y de caricia que me quedé sin ruido.

 

Hoy la tristeza habita la cueva de tu ausencia.

No es rencor, no es espanto: es un cansancio hermoso.

La vida te dio espalda, y tú, por inocencia

o por vil indolencia, seguiste siendo un pozo.

 

Me da una leve náusea besar tu desventura,

tan llena de otros brazos, tan huérfana de calma.

Gozas la vida como quien bebe en agua oscura

sin sed y sin memoria de que existe una alma.

 

Adiós. Que el río pase. Que el fuego no te queme.

No volveré a buscarte ni aún en la última orilla.

Triste de aquel que beba tu olvido y lo reme;

mas triste yo que escribo y aún tu sombra me habita.

 

 

10 de abril

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