Estaremos en ausencias intermitentes.
No llegó con trompetas.
Ni con banderas ardiendo en los balcones del cielo.
Llegó despacio,
como una contraseña insinuada en la sombra,
como un algoritmo que aprende a nombrarnos
mejor que nuestras madres.
Y aceptamos.
Firmamos sin tinta,
con la yema tibia del pulgar distraído,
cada cláusula invisible
cercando el aliento.
Ahora el mundo
es una vitrina de pulsos domesticados,
un enjambre de ojos sin párpados
donde cada gesto se archiva
como si el alma fuera un dato reciclable.
Nos dijeron: orden.
Pero el orden era un laberinto pulcro,
una jaula sin barrotes
hecha de luces obedientes,
un silencio que grita en código binario.
-oxímoron perfecto de esta era-
¿Quién decide ahora
el peso de una palabra,
la frontera de un cuerpo,
el valor de un pensamiento?
Hay manos que no vemos
moviendo piezas sin nombre,
y nosotros,
fichas con memoria borrada,
creyendo elegir el camino
mientras el camino nos escribe.
(…y lo que no se dice
es lo que más gobierna…)
La identidad,
antes raíz,
hoy es máscara intercambiable,
rostro líquido
adaptado a cada pantalla.
Compromiso…
palabra antigua,
fósil de una lengua que sangraba verdad.
Hoy se promete con eco prestado,
se responde con voz de vidrio,
se acuerda en la superficie
donde nada deja huella.
Y sin embargo,
debajo de esta arquitectura de espejos,
algo resiste:
un latido indomable,
una grieta en el sistema perfecto,
un respiro de carne
aún sin traducir.
Tal vez ahí,
en ese error mínimo,
en esa falla luminosa,
habita la última forma de libertad.
Porque ningún orden
-por nuevo que se nombre-
podrá domesticar del todo
la antigua rebeldía del alma.
Y cuando el ruido se apague,
cuando el control se crea absoluto,
quedará ese temblor,
ese pulso,
esa incómoda verdad:
que no nacimos para ser códigos,
sino incendios.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
* Sobre el oxímoron, es una figura literaria que une dos términos aparentemente contradictorios para generar un nuevo significado. En mi verso -“un silencio que grita en código binario”- el contraste entre silencio y grita no se anula, sino que crea una imagen más profunda: una comunicación intensa pero invisible, propia de esta era digital donde lo callado también impone, vigila y domina. Es, como bien digo, un “oxímoron perfecto de esta era”, porque expresa la paradoja de un mundo hiperconectado que, al mismo tiempo, silencia lo esencial.
-
Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de abril de 2026 a las 17:11
- Comentario del autor sobre el poema: El poema nace de la idea de que el poder actual no se impone con violencia visible, sino de forma sutil y casi imperceptible, generando una sensación de vigilancia constante y aceptación colectiva. A partir de ahí, se construye un contraste entre lo tecnológico, que tiende a deshumanizar al individuo, y lo orgánico, que representa una resistencia esencial. Este razonamiento conduce a un conflicto central: un orden que intenta reducir lo humano frente a una naturaleza interior que no puede ser completamente controlada. De esta tensión surge la imagen final del ser humano como incendio, símbolo de libertad y desobediencia. Esperando no ser muy complicado.. Estamos a la orden para cualquier aclaración.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 43
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Antonio Pais, Mª Pilar Luna Calvo, Tommy Duque, Poesía Herética, CARMEN DIEZ TORÍO, Daniel Omar Cignacco, Lualpri, Sergio Alejandro Cortéz, Scarlett-Oru, Antonio_cuello, **~EMYZAG~**, Llaneza, Patricia Aznar Laffont, Classman, Salva45, Freddy Kalvo, ElidethAbreu, Javier Julián Enríquez, Rafael Escobar, El desalmado, Hernán J. Moreyra, Pedro Novoa Pavon Novoa
- En colecciones: POESÍA SOCIAL.

Offline)
Comentarios7
Puedo decirte, Justo en honor a la verdad que he leído y releído una y tres veces tu poema; refleja de forma tan sumamente real el mundo actual que, según avanzaba, me iba atrapando más. Me gustó mucho cómo planteas esa llegada silenciosa, casi imperceptible, de algo que termina envolviéndolo todo. No hay estruendo y, precisamente por eso, resulta más creíble y perturbador. Las imágenes son muy potentes, sobre todo cuando mezclas lo humano con lo tecnológico; ese contraste entre lo orgánico y lo artificial funciona muy bien. Además, ese tono reflexivo hace que no sea solo un poema para leer, sino para adentrarse en él y detenerse a pensar. El cierre me ha encantado: esa idea de que, pese a todo, hay algo indomable que resiste. Es una visión que también comparto. Gracias, un día más, por compartir un texto que va más allá y nos hace parar, aunque sea un momento, a mirar a nuestro alrededor y a nosotros mismos. Feliz noche. Un abrazo grande.
Gracias por leerlo con tanta atención, de verdad. Me agrada que hayas percibido esa llegada silenciosa; justamente ahí estaba la intención: mostrar que lo más profundo no siempre irrumpe, sino que se instala casi sin que lo notemos.
También me reconforta que te haya resonado ese contraste entre lo humano y lo tecnológico. Es un pulso que siento muy presente hoy, como si estuviéramos habitando dos naturalezas al mismo tiempo. Algo que dejé plasmado en letras y que has sabido reconocer.
Que el poema te haya invitado a detenerte y pensar ya lo convierte en algo vivo, y eso es lo más valioso que puede pasarle a un texto.
Y sobre el cierre… sí, quise dejar esa pequeña llama encendida. Que bueno que compartas esa visión, esa parte indomable que aún resiste.
Gracias por tus palabras, por el tiempo y la sensibilidad con que lo has leído.
Un abrazo grande y que tengas una noche serena.
Feliz noche para ti, Justo y un gran abrazo
Y dentro de ello, casi sin saberlo estamos nosotros y al decir nosotros es sinónimo de un 99 % del mundo, sino más!
Estimado amigo, excelente y atrapante lo tuyo.
Gracias por compartirlo.
Un abrazo.
Buenos días Luis. Por supuesto amigo, casi todos estamos sometidos casi sin saberlo.
Muchas gracias por tu comparecencia y el comentario que me dejas.
Saludos.
Tu estilo único hace reflexionar.
Duro y claro estilo
Muchas gracias Patricia por leer y comentar. Aquí estamos..
Saludos
Y no te vayas, genio
Aspectos clave del Nuevo Orden Celestial:
Significado Bíblico: No es un proyecto político humano, sino una nueva estructura de gobierno divino (el Reino) que sustituirá a los gobiernos actuales.
La Nueva Jerusalén: Se describe como la "novia del Cordero", un gobierno celestial compuesto por discípulos ungidos que desciende simbólicamente para gobernar sobre la humanidad.
Cambio Total: Apocalipsis 21:5 registra: "¡Mira! Estoy haciendo nuevas todas las cosas", lo que indica un cambio radical y no una mera reparación de la sociedad actual.
Final del Dolor: Promete la eliminación de la muerte, el lloro, el clamor y el dolor, trayendo justicia perpetua.
Diferencia de Interpretaciones:
Perspectiva Teológica/Bíblica: Promesa divina de justicia y paz tras el Armagedón.
Perspectiva Profana/Conspirativa: Se asocia a veces, en el ámbito secular, con el término "Novus Ordo Seclorum" (Nuevo Orden de las Eras) en el sello de EE.UU., o teorías conspirativas sobre un gobierno. LO VEMOS LEJANO PERO PUEDE ESTAR PROXIMO A SUCEDER. Mis respetos a tus escritos el NUEVO ORDEN MUNDIAL ES BIBLICO. saludos poeta
Alicia, tu lectura abre una ventana distinta —y necesaria— sobre el mismo horizonte.
El poema que escribí camina por la orilla terrenal, donde el “orden” se percibe como estructura humana, a veces fría, a veces inquietante; mientras que lo que tú señalas eleva la mirada hacia un plano donde el orden no oprime, sino redime. Y ahí no hay contradicción, sino tensión fecunda: dos formas de nombrar un cambio que, según desde dónde se mire, puede ser control… o promesa.
Tu referencia a la Nueva Jerusalén como “novia del Cordero” introduce una imagen profundamente simbólica: no un sistema que encierra, sino uno que desciende para restaurar. Eso dialoga, incluso sin proponérselo, con esa “grieta luminosa” del poema —ese lugar donde aún sobrevive lo incorruptible. Tal vez, en el fondo, ambas visiones se rozan en un punto invisible: la necesidad de un orden que no nazca del dominio, sino de la verdad.
Es cierto, como dices, que muchos perciben el concepto desde lo profano o lo conspirativo, cargado de sospecha; pero tu enfoque recuerda que también puede leerse como una promesa de transformación total, no de reajuste superficial. Y esa diferencia no es menor: es la distancia entre el miedo y la esperanza.
Agradezco mucho tu comentario, porque no corrige el poema, sino que lo amplía, lo empuja a dialogar con otra dimensión. Al final, quizá la poesía hace eso: no afirma, sino pregunta… y en ese cruce de miradas, como el tuyo, empieza a rozar respuestas.
Gracias por comentar.
Querido Justo, certero poema sobre una realidad latente.
En lo que veo, este nuevo orden mundial se escuda en patrones como el de que una mentira repetida colectivamente se convierte en verdad, en mezclar temas y teorías, en tratar de de tapar un problema creando otro, el decir cosas que no se sostienen, en cambiar de pareceres, en aniquilar a los adversarios a través de acciones mediáticas y reales, en usar peones para que le sostengan por un tiempo, en rodearse de bajos perfiles para que sean desechables y en correr detrás del dinero, la riqueza y la fama.
Recibe mis felicitaciones y abrazos afectuosos.
Nada que agregar Elideth. Tu comentario es un dardo que hizo diana en una realidad latente.
Has trazado, con mirada lúcida, ese mapa inquietante donde las sombras no solo se mueven… sino que aprenden a disfrazarse de certeza.
Vivimos, como bien señalas, en un teatro donde la repetición pretende coronarse como verdad, y donde las máscaras cambian más rápido que los rostros. Pero incluso en ese ruido calculado, queda algo indomable: la conciencia que observa, que duda, que nombra. Y ahí, justamente ahí, es donde la palabra —poética o no— sigue siendo un acto de resistencia.
Agradezco profundamente tu lectura, tan afinada como valiente, y ese abrazo que llega con la calidez de lo genuino.
Muchas gracias, amigo JUSTO, por este reflexivo poema, que pone de manifiesto cómo la llegada de una nueva era, caracterizada por la omnipresencia de la tecnología y la subsiguiente redefinición de la identidad y libertad, se presenta en dicho poema como un acontecimiento sutil pero inevitable, desprovisto de la ostentación de los símbolos tradicionales de poder. Esta transición, pues, equiparable a una contraseña sugerida o un algoritmo de aprendizaje, resalta la naturaleza discreta y progresiva de la transformación. En este sentido, la promesa de «orden», lejos de ser un marco de estabilidad, se revela como un laberinto pulcro y una jaula sin barrotes, una estructura de luces obedientes y silencio codificado binariamente, que se constituyen en un oxímoron perfecto de la contemporaneidad. Ante esta configuración, se plantea la necesidad urgente de redefinir las esferas de autonomía personal, que aborden aspectos fundamentales como el peso de la palabra, los límites del cuerpo y el valor del pensamiento. Por lo que el concepto de compromiso, que evocaba una época en la que la verdad tenía un peso tangible, ha sufrido una degradación, convirtiéndose así en promesas fugaces, respuestas superficiales y acuerdos carentes de profundidad. Sin embargo, el poema plantea la existencia de una resistencia subyacente, una fractura en la estructura narrativa, un impulso indómito que se manifiesta en una expresión de carne aún no traducida.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Javier Julián, tu lectura no solo comprende el poema: lo atraviesa con una lucidez y lo analiza, tal como lo haces con muchas de mis publicaciones.
En esta oportunidad captas ese pulso casi imperceptible con el que quise insinuar la transformación: no como estruendo, sino como infiltración, como esa “contraseña sugerida” que se instala sin pedir permiso y termina por reconfigurar la arquitectura íntima del ser. Tu interpretación del “orden” como laberinto pulcro y jaula sin barrotes no solo es precisa, sino que revela la paradoja central: lo que promete claridad termina velando; lo que ofrece estructura, disuelve.
Me resulta especialmente valioso cómo subrayas la erosión del compromiso. Ese tránsito de la palabra como piedra a la palabra como vapor es, quizá, una de las pérdidas más silenciosas y más graves de nuestra era. Porque cuando el lenguaje pierde densidad, también la realidad se vuelve negociable, líquida, casi ilusoria.
Claro, no me sorprende que lo hayas analizado teniendo en cuenta tus credenciales. No creas, yo también aprendo.
Volviendo a tu comentario, como bien señalas, hay una fisura. Una grieta que no responde al código ni al cálculo. Ese “impulso indómito” del que hablas —esa carne aún no traducida— es, en el fondo, la última frontera. No como resistencia grandilocuente, sino como persistencia mínima: un latido que no se deja reducir a dato, una conciencia que aún titubea, pero no se rinde.
Agradezco profundamente tu mirada, porque no se limita a comentar: dialoga, expande y dignifica el sentido del poema. En ese intercambio —entre tu lectura y mi intento— se construye, quizás, un espacio donde el lenguaje todavía conserva peso… y el pensamiento, todavía, libertad.
Un abrazo sincero desde Panamá.
El más claro y letal oxímoron que dibujas es la ambición y el poder vestido como salvadores del mundo, siendo los que lo tienen al borde del precipicio. Mi felicitación llega a ti con mi fraternal abrazo y mi sincero aprecio a tu noble amistad.
Como no Anibal, siempre es bienvenido tu lectura y comentario.
Si, hay mucha ambición de poder disfrasada de salvadora del mundo.
Saludos
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