El arte no es la cura, es el síntoma. Mi trabajo consiste en decorar papeles, paredes y toda superficie donde pueda expresarme; escogí una carrera que jamás tendrá jubilación, pues la escogí a una edad adulta, a una edad donde el criterio ya no es frágil ni manipulable; de edad joven, diría el de edad respetable.
Sin embargo, hay pros y contras: el zumbido de una mosca, el aleteo de un chupaflor. En este camino rodeado de historia y política, vale más ser cosmopolita que estar rodeado de la cotidianidad; de hábitos, rutinas, vicios o acciones habituales que estructuran la sociedad.
Pude escoger algo fácil, como ser militar, bombero, obrero, carpintero, mecánico. Pero me decidí por lo fácil: ser maestro y alumno de las artes. ¿Y qué son las artes? Para ello debería retroceder varios siglos, citar varios próceres, filósofos, humanistas, filántropos e incluso poetas. Pero me pregunto en pleno siglo XXI, ¿qué sabrán? Tendría que mencionar "redes sociales, aplicaciones o juegos digitales" para guiarles y masticarles y puedan sus cerebritos captarme.
Escribir se volvió mi forma amigable; sé que moriré y es donde seré respetable, mientras siga vivo seré ese inadaptado, incomprendido, inviable. Mis escritos viajarán por el mundo sin visa, y yo atado al suelo en una caja con pantalón y camisa.
Soy parte de la manada, aunque no pertenezca a su jungla mal intencionada. Vivimos en tiempos bárbaros, aún en lucha por cupos universitarios, con becas que jamás reconocieron, préstamos que nunca te hicieron, porque el pago en efectivo siempre ha sido un riesgo para el banquero. Endeudarme nunca será mi privilegio, pero sí me pagarán mi estudio; engrandeceré a mi pueblo y al mundo entero.
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Autor:
IAEM (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de abril de 2026 a las 15:55
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 1

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