No hay ayer
El pasillo gira
pero la casa no.
Una lámpara estalla en el techo
y nadie levanta la vista.
Las voces — esas —
no se anuncian
ni se marchan.
Un zapato mojado sobre la alfombra:
¿cuál pie lo trajo?
¿hubo pie?
Alguien dijo martes.
Luego lo repitió.
Luego pidió perdón
por haberlo dicho mal.
No hay espejo.
Solo una ventana donde a veces
algo parpadea
cuando no hay luz afuera.
La mujer del retrato sonríe
como si supiera
que él ya no sabe su nombre
ni el de ella
ni si hubo nombre.
Un pensamiento entra
sin terminarse.
Se sienta.
Respira.
A veces
entra una luz
como si el cerebro intentara recordar
cómo era
recordar.
Pero luego
otra vez
la risa
de alguien que nunca nació
y ya lo espera.
Desfase
El día ocurre
dos veces
con distinta temperatura.
La mañana huele a metal.
La tarde, a fruta pasada.
La noche
no reconoce ninguna.
Un reloj marca
una hora que ya pasó
pero insiste
como si alguien aún pudiera llegar.
Hay pasos en la casa
que no coinciden
con el peso del cuerpo.
Él se detiene
porque algo lo observa
desde un lugar
que no tiene ojos.
No es miedo.
Es cálculo.
La culpa entra
por la nariz primero.
Un olor leve,
como ropa guardada
demasiado tiempo
con algo vivo adentro.
Luego por la lengua:
un sabor que no estaba
cuando cerró la boca.
No recuerda el acto.
Recuerda el detalle.
La esquina de la mesa.
El ruido exacto.
La pausa antes.
Alguien pregunta algo
desde otra habitación
que no existe
y él responde
en voz baja
para que no lo oigan
los que no están.
El día vuelve a empezar
sin haber terminado.
Esta vez
un poco más cerca.
La visita
Le trajeron sopa.
No recuerda haberla pedido
pero el vapor le pareció familiar.
La cuchara tocó la lengua
como si ya supiera dónde
detenerse.
La mujer que se la ofrecía
tenía manos
idénticas
a otras.
—¿Cómo te sientes hoy? —
preguntó sin mover los labios.
Él asintió.
No por respuesta,
sino porque algo en su nuca
le pesaba.
Entonces ella rió.
Una risa lejana,
como esas canciones
que se oyen desde el patio
sin saber quién las canta.
Le limpió la comisura de la boca
con un pañuelo
que tenía bordado su nombre
al revés.
—Mañana —dijo ella—
ya no estaré aquí.
—¿Estuviste? —preguntó él.
Y la sopa, aún tibia,
empezó a temblar
como si recordara algo
que no debía.
Finísimo
Hoy el nombre le pesó menos.
Como si ya no fuera del todo suyo
ni del todo ajeno.
Alguien lo pronunció en voz baja
y no se volvió.
No por olvido,
sino porque la voz
no tenía dirección.
En la pared
hay un cuadro
que antes tenía colores.
Ahora solo formas
esperando su forma.
La cama está tendida.
No sabe si se ha levantado
o si está por hacerlo.
Hay un perro dormido
a los pies del día.
Respira
como si soñara por él.
El cuerpo no duele.
Tampoco descansa.
Solo flota
muy despacio
entre una palabra
y otra que no llega.
La enfermera
le ajusta la manta
y le dice algo
con voz de primera vez.
Él sonríe
sin saber por qué
y en la sonrisa
hay una infancia sin dueño.
Luego
algo se apaga
como una lámpara que entiende
que ya no hay nadie
esperando en la casa.
Alzheimer
-
Autor:
LOURDES TARRATS (
Offline) - Publicado: 6 de abril de 2026 a las 02:49
- Comentario del autor sobre el poema: Amigos: Este poema no es una historia. Es un descenso lento, una habitación sin reloj. Nació del deseo de explorar la mente no como enfermedad, sino como espacio narrativo: una conciencia que se dispersa, una identidad que se curva hacia la niebla. Alzheimer aquí no es diagnóstico, sino clima interior, una forma de olvidar desde adentro lo que alguna vez dolió recordar. Gracias por leer. Les quiero.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 43
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Merche Bou Ibáñez, Llaneza, JuanDumBass, Antonio Pais, Hernán J. Moreyra, El desalmado, Javier Julián Enríquez, Sergio Alejandro Cortéz, El Hombre de la Rosa, Henry Alejandro Morales, Lualpri, Poesía Herética, Éusoj Nidlaj, JUSTO ALDÚ, Mª Pilar Luna Calvo, racsonando, Noa Subin

Offline)
Comentarios10
Lourdes, compañera de este portal:
Lo que nos muestras en un descenso interior, hacia la evaporación de la conciencia.
La realidad pierde su continuidad, y el yo navega en el limbo, persisten algunos rastros
sensoriales ( las canciones regresan a las personas por instantes a una realidad momentánea)
Finalmente queda un vacío, donde el YO, se ha diluido.
Es triste y doloroso mirar esos rostros, que muestran inocencia, bañada de irrealidad.
Solo hay que tratarlos con amor y comprensión.
Saludos poeta Lourdes Tarrats
LAS LETRAS SON PENSAMIENTO...
Gracias, Savador, amigo.
Poetas somos...
Querida Lourdes,
Tu poema es un viaje desgarrador a través de la mente que poco a poco se ahoga en un olvido incoherente que casi pareciera surrealista, tal cual podría razonar una mente que se descompone poco a poco.
Desgraciadamente veo ese proceso cada día con mi madre, y cuando intento imaginar lo que ella piensa, tu poema, me parece a la vez tan real….
Por encima de todo, tú poema es tan bello que resulta a la vez conmovedor.
Para los que estamos viviendo en este momento ese problema con nuestros padres o familiares es un regalo y una inspiración..
Recibe un abrazo con mucho cariño para ti..
Muchas gracias de corazón
Juan
Juan, amigo.
Siento mucho lo de madre, ES triste ver el deterioro; pero es parte del vivr.
Dale mucho amor, , carino, comprension.
Recibes un sincero abraso calido y ternura, porque :
Poetas soms...
Gracias por el comentario.
El texto retrata la experiencia del Alzheimer desde dentro: pérdida progresiva de memoria, identidad y percepción del tiempo. La realidad se fragmenta, se repite y se distorsiona; quedan sensaciones sueltas (olores, objetos, gestos) sin contexto. El sujeto pasa de la confusión al vaciamiento final, donde el yo y el mundo
se diluyen.
Buen trabajo Lourdes, dicho esto,
dura enfermedad, para quién la padece cuando es consciente de ella,
desde aquí, mi empatía hacia cualquier persona que ahora mismo la este sufriendo.
Gracias, Jesús Ángel, por tus cálidas palabras.
Una amiga muy querida perdió recientemente a su esposo, y durante muchos años él padeció Alzheimer. Ella cargó con ese dolor silencioso de verlo apagarse poco a poco, sin poder detener el deterioro. Fue una tristeza profunda, de esas que dejan huellas que no se ven pero se sienten.
Te envío un abrazo envuelto en ternura, porque:
Poetas somos…
Muchas gracias, amiga Lourdes, por este reflexivo poema, en el que se puede vislumbrar cómo la disolución de la memoria, tal como se presenta en el poema, trasciende la mera pérdida fáctica para adentrarse en un olvido intrínseco, un proceso de desvinculación gradual del yo con sus experiencias pasadas. Así, este fenómeno, lejos de ser un acontecimiento traumático, se manifiesta como una sutil erosión temporal y sensorial, que genera una percepción de la realidad fragmentada y desalineada, por así decirlo. En ese marco, la casa, que debería ser un ancla de identidad y recuerdo, se convierte en un espacio ambiguo, un reflejo de la desintegración interna de la voz poética. Por lo que, en lugar de intentar borrar activamente el pasado, sería más constructivo permitir que este se disipe de manera natural con el tiempo, como una memoria que se desvanece de forma orgánica. Por otra parte, la culpa, que se manifiesta a través de la percepción sensorial, no se vincula a un acto específico, sino a detalles sutiles que definen la atmósfera de un momento determinado. Esto sugiere, entonces, que la carga emocional puede trascender su origen concreto, volviéndose así una presencia intangible y evanescente. La visita, la sopa, la mujer del retrato... Todos ellos son personajes que surgen en este paisaje de desolación, pero su presencia es tan sutil como los recuerdos que intentan evocar. La sopa, que oscila como si evocara un recuerdo velado, se erige como una metáfora elocuente de la memoria reprimida o evasiva, un susurro de aquello que se intenta desterrar. En última instancia, se diría que el poema transmite la idea de un olvido que no es vacío, sino un espacio donde las formas esperan su forma, donde el cuerpo flota entre palabras que no llegan.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Querido Javier Julián,
gracias por la hondura y la claridad con que te adentras en el poema.
Me conmueve cómo logras leer esos espacios donde la memoria se deshace sin estridencias, dejando apenas un temblor, una sombra, una forma que todavía busca su forma. Has iluminado con tu mirada esa casa ambigua, esos objetos que flotan entre presencia y desvanecimiento, y esa culpa que no nace de un hecho, sino de un clima, de un leve roce del alma.
Aprecio profundamente la delicadeza con la que interpretas cada símbolo, cada gesto suspendido. Tu lectura no solo acompaña al poema: lo expande.
Recibe un abrazo fuerte, con mi afectuoso aprecio.
Poetas somos...
Hermoso y genial tu bello versar estimada norteamericana y fiel amiga Lourdes Tarrats
Saludos de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
Gracias a ti, Crispulo,
Poetas somos...
Calidad destacan sus letras, mi querida poeta. Saludos cordiales.
Muchísimas gracias, poeta, por su generosidad.
Poetas somos…
Hola mi estimada Lourdes, me ha llamado poderosamente la atención el texto que presentas y he creído pertinente desmenuzarlo y comentarte como lo mereces.
Lo primero que noto es una inmersión precisa y perturbadora en la disolución de la identidad. No recurre al dramatismo fácil; al contrario, construye el deterioro desde lo mínimo: un objeto fuera de lugar, una palabra que se repite mal, un gesto que ya no encuentra su origen. Esa fragmentación del mundo exterior es, en realidad, el espejo de una mente que comienza a deshilacharse. A veces pienso que no amanezco en mis cinco sentidos 😂
Luego noto un acierto notable en cómo el lenguaje acompaña el proceso: las imágenes no explican, insinúan; las preguntas no buscan respuesta, evidencian la pérdida de referencia. Todo parece ligeramente desplazado —el tiempo, los sentidos, la lógica— como si la realidad misma estuviera fallando en su tarea de sostenerse.
Especialmente poderosa es la presencia de lo cotidiano convertido en inquietante: la sopa, el reloj, la voz, la enfermera… elementos simples que, bajo esta mirada, adquieren una carga casi espectral. No hay terror explícito, pero sí una sensación constante de extrañeza, de estar habitando un lugar donde las reglas ya no son fiables. Esto está muy bien logrado.
El cierre, sin énfasis, sin ruido, es profundamente humano: no hay tragedia grandilocuente, sino un apagarse suave, casi comprensible. Y en esa suavidad radica su mayor impacto. Es un poema que no describe el Alzheimer: lo hace sentir desde dentro, con una lucidez que duele.
Una enfermedad que afecta a todo el núcleo familiar y muy actual.
Saludos
POETAS SOMOS
Justo, amigo querido:
Leí tu comentario con una gratitud enorme. Me impresionó la atención con la que entraste en el texto, la forma en que fuiste desarmando cada gesto, cada quiebre, cada pequeño desorden que sostiene la voz del poema. Se nota cuando alguien lee de verdad, y tú lo hiciste con una sensibilidad que agradezco de corazón.
Me gustó especialmente cómo captaste esa disolución silenciosa, ese modo en que la realidad empieza a perder sus bordes sin necesidad de exagerar nada. Lo entendiste desde dentro, desde ese lugar donde lo cotidiano se vuelve extraño y donde la memoria deja de ser un territorio firme. Sentí tu lectura cercana, honesta, atenta a cada detalle.
También agradezco que hayas reconocido la humanidad del cierre. Para mí era importante que no hubiera estridencia, que el final respirara con la misma fragilidad que vive quien atraviesa algo así. Saber que lo percibiste de esa manera me confirma que el poema llegó donde tenía que llegar.
Gracias, de verdad, por tomarte el tiempo de leer, pensar y acompañar el texto con tanta claridad y cariño. Tus palabras me animan a seguir escribiendo.
Te envío un abrazo envuelto en agradecimiento porque:
Poetas somos…
No no, en absoluto fue estridente. Te salió a pedir de boca hermana.
Poetas somos...
Me ha puesto triste tu poema, es lo cotidiano, solo queda el cariño, y piensas que puedes ser la siguiente, un abrazo Lourdes.
Nada de tristezas, amiguita.
Eso me lo dijo una vez un compañero de andanzas, y tenía razón.
Pensemos solo en el ahora… que el mañana siempre llega con sus propios caprichos.
Un abrazo y un besote.
Poetas somos…
Este viaje poético retrata la desintegración de la identidad y la realidad física provocada por el Alzheimer. A través de imágenes surrealistas, el autor describe un mundo donde el tiempo se vuelve líquido, los rostros conocidos se desdibujan y los espacios cotidianos pierden su coherencia. El protagonista habita un presente fragmentado donde los recuerdos son destellos fugaces que luchan contra el olvido absoluto. La narrativa poética captura la confusión sensorial, desde olores que evocan culpas antiguas hasta voces que carecen de dirección. Finalmente, la obra refleja una entrega serena a la ausencia, sugiriendo que la existencia se convierte en un suspiro entre palabras que ya no llegan.
Bendecido domingo.
Amigo, gracias por el detallado y acertado comentario.
Agradezco tu visita a mi espacio.
Buen domingo para ti también.
Un abrazo envuelto en brisa, porque:
Poetas somos…
La calidad de esta publicación es meritoria
felicidades
saludos
Gracias Noa,
Quedo agradecida.
Un abrazo, porque:
Poetas somos...
Su éxito es una fuente de inspiración y admiración para todos nosotros.
Gracias.
Poetas somos...todos
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.