No pronuncio tu nombre, lo rodeo, lo pienso tanto que debería gastarse, pero no pasa, al contrario crece, se queda más.
Cuando cae la noche entro en una especie de habitación dentro de mí, no tiene forma clara, pero empiezo a sentir que sí, que algo se está acomodando, como si el espacio aprendiera dónde estoy, el aire pesa, a veces parece que respira antes que yo, como si me llevara un paso de ventaja.
Esto se volvió un hábito, no tiene sentido, pero se repite, como todo lo que no entiendo, vuelve, siempre vuelve.
Prendo la vela, no por algo especial, la prendo porque ya no sé hacer otra cosa a esta hora, la flama tiembla y me quedo mirándola más de lo necesario, no debería importarme, pero me importa, todo lo que no debería me importa.
Empiezo a notar cosas, la cera cae más lento de lo normal, como si dudara, el aire alrededor se espesa, a ratos siento que no soy yo quien mira, sino algo que usa mis ojos para aprender la forma de la luz, algo que busca sin saber exactamente qué.
No te llamo, pero apareces, no como recuerdo, apareces como humedad, como una mancha que no estaba antes, como algo que no necesita permiso, no estás, pero el espacio se acomoda como si aún tuvieras peso.
La vela sigue ardiendo y yo sigo mirándola, no pasa nada, pero tampoco se detiene, la flama tiembla como si fuera a apagarse, pero no se apaga, nunca se apaga, y siempre hay un momento en el que parece que todo va a terminar, pero no termina.
Entonces sigo ahí, mirando, sostenido en algo que no entiendo, esperando sin saber qué, y mientras más tiempo pasa, menos claro es si la vela empezó a arder por mí o si yo empecé a quedarme por ella.
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Autor:
Bruno Gatica 1 (
Online) - Publicado: 6 de abril de 2026 a las 01:14
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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