Judas sigue vivo

Luis Barreda Morán

Judas sigue vivo

Judas sigue vivo en el político que vende los recursos de su país por dádivas a transnacionales extranjeras.
Judas sigue vivo en el político que traicionó a su pueblo cuando no cumplió las promesas de las campañas para mejorar la población.
Judas sigue vivo en los ciudadanos que piden la intervención militar de su propio país por un ejército extranjero.
Judas sigue vivo en cada político corrupto que le roba la esperanza a su pueblo.
Porque Judas no murió hace siglos.
Judas sigue vivo.

No fue una sola noche de beso en el huerto.
Fue cada día, cada ley firmada en la sombra,
cada contrato que entregó el subsuelo
por un puñado de monedas que hoy llaman "comisión",
o "lobby", o "negociación legítima".

Judas no besó en la mejilla:
besó en cada discurso electoral
con lengua de miel y manos de hierro.
Prometió escuelas y vendió minas,
juró hospitales y entregó el agua,
lloró en la tribuna mientras firmaba
la sentencia de un pueblo entero.

Judas sigue vivo en el gerente de la multinacional
que calcula cuánto vale el silencio de un ministro,
cuánto cuesta doblar la voluntad de un congresista,
cuánto pesa la conciencia de un juez
en la balanza de un paraíso fiscal.

Judas sigue vivo en el embajador que mira hacia otro lado,
en el organismo internacional que aplaude mientras roban,
en el banco que lava la sangre convertida en dólares,
en el periodista que calla por un puesto,
en el académico que justifica el saqueo
con gráficos y notas a pie de página.

Y también —duele decirlo—
Judas sigue vivo en nosotros
cuando cruzamos la calle para no ver al mendigo,
cuando votamos con el bolsillo pero no con la memoria,
cuando normalizamos que el río se seque,
que el aire se envenene,
que el niño trabaje mientras el político posa para la foto.

Judas no lleva túnica:
lleva traje azul, corbata roja,
sonrisa de dentista millonario
y un discurso de esperanza
que caduca al día siguiente de las urnas.

Treinta monedas fueron hace dos mil años.
Hoy son concesiones mineras a cambio de sobres,
exenciones impositivas por votos útiles,
puertos entregados por acciones en paraísos fiscales,
selvas taladas por un escaño más en la directiva.

Judas no murió en el campo del alfarero.
Se mudó a los palacios de cristal,
a las oficinas con vista al puerto,
a las reuniones donde se reparten países
como si fueran fincas heredadas.

Pero ojo:
también hay otros.
Los que resisten sin aplausos,
los que denuncian sin micrófono,
los que no venden el mañana por el hoy.

Ellos son la grieta por donde la luz
sigue entrando a este tiempo oscuro.
No besarán para traicionar.
No firmarán para vender.
No callarán para ascender.

Judas sigue vivo.
Pero la memoria también.
Y mientras haya un pueblo que no olvida,
un río que reclama su cauce,
un niño que pregunta por qué,
la traición no tendrá la última palabra.

—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Marzo, 2024

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Online Online)
  • Publicado: 6 de abril de 2026 a las 00:15
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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