Enemistado con el presente

asegura1617

Ya apenas puedo andar por mi corazón.
Ya son muchos días sin A. —y los que todavía tienen que caer por el gotero, como si inesperadamente el tiempo fuera un suero de sombras.
 
Hay secciones cardíacas que no reconozco del todo y tropiezo demasiado, si voy solo conmigo de la mano. Y más pronto que tarde todo se va convirtiendo en una instancia preñada de callejones borrosos por donde algunos latidos golpean sin voz. La sangre se vuelve pedregosa y voy más lento. Flemático. Y salir de aquí dentro se transforma entonces en una lucha encarnizada que me deja como un espectro ante el mundo.
Es terrible ver cómo la distancia desdibuja incluso lo más hondo que llevamos con nosotros y nos aleja aun más del presente, de todo cuanto afuera respira, de todo cuanto adentro lo intenta.
 
Sí. Ya son muchos días sin A.
 
He recibido su carta. Ese ha sido el mayor acontecimiento. Es la parte más real y física de su nombre que verdaderamente puedo sostener ahora mismo entre palabras, mano y pulso. Cuando el presente pesa demasiado, me recojo mi arrojo a su caligrafía: la manera antigua de desligarse de uno mismo y depositarse en una instancia sin tiempo, en una eternidad momentánea creada por las únicas manos que verdaderamente bautizan el cuerpo más allá del cuerpo. Puedo entonces, en esta manera humilde y más sosegada, celebrar un poco la vida.
 
Sí. Ya son muchos días sin A.
 
No es agradable verse así, saberse como estoy: enemistado con el presente. Habito —¿o quizá ocupo?— esta identidad que no es sino este deseo, esta angustia con huesos que saben y se sienten como el óxido, esta necesidad del cuerpo bajo ese nombre. Es duro llamar aquí, allí fuera, y no escuchar todo cuanto se busca. Y corresponde entonces llenar todas las palabras con todas las palabras de lugares comunes y tópicos que convierten toda confesión en un triste balbuceo.
Y esto último me rompe desde estas manos que hacen hasta la mismas entrañas donde llevo a A.
 
Sí. Ya son muchos días sin A.
 
Lo único que articula la felicidad —o por lo menos me mantiene con cierto equilibrio sobre las agujas— es saber que no puedo dejar de ser suyo porque le he entregado toda mi conciencia y todos mis sueños.
 
Soy de A. desde mi nacimiento hasta esta pequeña muerte a la que me han traído mis manos...
  • Autor: asegura1617 (Online Online)
  • Publicado: 5 de abril de 2026 a las 12:26
  • Categoría: Amor
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