La historia de la humanidad está llena de equivocaciones afortunadas. Desde el error de cálculo que condujo a C. Colón al continente americano, muchos aciertos humanos, han surgido en pequeñas y grandes catástrofes que han hecho de la necesidad una virtud. El yogur lo descubrió una caravana de comerciantes búlgaros, que trasladaban leche de un poblado a otro y por efecto del sol se había fermentado. La probaron y el sabor gustó y con el tiempo se descubrió que tenía efectos beneficiosos para el estómago. Tenemos mucho que aprender de las llamadas serendipias, como se denomina a los hallazgos o descubrimientos que se producen por accidente. En nuestra vida, hay errores mucho más afortunados que los propios aciertos.
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Autor:
emiliodom (
Offline) - Publicado: 5 de abril de 2026 a las 04:51
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Mª Pilar Luna Calvo

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