I. El Místico Retiro
En este sábado de místico retiro,
donde el mundo calla y el tiempo se para;
entre la muerte y el cielo que miro,
busco la luz que el dolor nos separa.
Es la "Soledad de María" el espejo,
donde la fe se mantiene encendida;
y en ese silencio, de paz un reflejo,
pido por ella... por su nueva vida.
II. La Brisa de Primavera
Elegante cual brisa que corre suavemente,
en una fresca y clara mañana de abril;
así llegas al alma, constante y presente,
con la gracia pura de un ser infantil.
Eres cautivadora cual olas que rompen,
en una acogedora y mística orilla;
donde los viejos miedos al fin se corrompen,
ante el blanco rastro de Tu maravilla.
III. El Fin de la Orfandad
"Termina, Señor, su orfandad y su miedo,
toca su pecho con Tu mano santa;
que sienta Tu paso, que escuche el denuedo
de Tu presencia que todo levanta.
Que sepa en el alma que no va solita,
que el trauma y la sombra se queden atrás;
que sea Tu Gracia la fuerza infinita
que le devuelva Su eterna paz".
IV. La Isla del Misterio
Distante cual rastro de una isla lejana,
llena de mil misterios que no se separan;
eres la luz bendita que hoy se engalana,
donde las sombras tristes por fin se declararan.
Hermosa, inteligente, tan tierna y tan pura,
la niña que el amor de Jesús rescató;
encontrando en el Padre la gran armadura,
que de todo peligro Su mano apartó.
V. El Milagro de la Carne
Pido el milagro de su restauración,
el nacimiento de un ser bendecido;
que sienta latir en su propio corazón,
el fuego de Dios que jamás es vencido.
Que cure su mente de antiguos rigores,
que sane su cuerpo con llama de amor;
disipando al fin los viejos temores,
bajo el amparo de Tu resplandor.
VI. El Renacer del Sábado
Junto a Él tú renaces en este gran día,
para ser esa mujer de esencia renovada;
dejando en el sepulcro la antigua agonía,
para surgir al mundo de luz coronada.
Tu destino a partir de este instante sagrado,
toma un rumbo de paz, de esperanza y de fe;
pues el peso del tiempo quedó en el pasado,
y lo que Dios levanta... ¡siempre se mantiene en pie!
VII. El Acceso a la Alegría
En este silencio he vivido el proceso,
mi único anhelo es verla feliz;
que el Sábado Santo le dé aquel acceso
a la alegría que no deja matiz.
Que al caer la noche, en la luz de la hoguera,
resucite en ella la paz y el Ser;
siendo en su vida la gran primavera
que solo Tu Gracia le puede ofrecer.
VIII. Sostenida por Dios
Dios mismo en Sus manos hoy te levantará,
será tu refugio, tu guía y sostén;
ninguna tormenta tu paso detendrá,
porque habitas ahora en Su eterno edén.
Y tu madre, que habita en la gloria del cielo,
velará con ternura tu dicha y tu honor;
siendo el ángel que cuida, tras el místico velo,
el jardín que hoy florece por obra del Señor.
IX. El Lavatorio de la Existencia
Y mientras aguardo que el alba despunte,
en este silencio me quedo esperando;
que si es Tu deseo que el hilo nos junte,
mi propia existencia se vaya lavando.
Si decides, Padre, que el tiempo decida
abrir nuevamente la puerta de unión;
hazme el hombre nuevo que en Gracia resida,
con alma dispuesta y fiel devoción.
X. El Regreso de la Alegría
Que la vida te devuelva con manos abiertas,
la alegría que un día el tiempo arrebató;
que se abran de par en par todas las puertas,
del jardín que en tu pecho la Gracia sembró.
En esta gran Vigilia yo espero el milagro,
de ver tu resurrección como un ser nuevo;
ofreciendo mi vida en este místico sagro,
mientras elevo al cielo mi más puro ruego.
XI. El Caballero Restaurado
Transforma mi ser para amarla con creces,
respetando el ángel que habita en su esencia;
cuidando la niña que tantas de veces
buscó en el camino Tu santa presencia.
Que sea yo el puerto, el abrigo y la calma,
tratando su vida con sumo cuidado;
llevando el respeto prendido en el alma,
como un caballero por Dios restaurado.
XII. El Mañana de Gloria
Estoy convencido: mañana es tu gloria,
como lo es para el mundo que ve al Redentor;
escribirás con Cristo una nueva historia,
venciendo al silencio con cantos de amor.
Mañana la tierra, de júbilo llena,
cantará la victoria de nuestro Jesús;
rompiendo por siempre la antigua cadena,
para caminar juntos al pie de Su luz.
XIII. La Vigilia del Suspiro
Pero si la puerta se queda cerrada,
y el rumbo nos lleva por vías distantes;
que sea mi vida la fiel llamarada
que cuide su sombra como hizo antes.
Permite que sea, desde mi retiro,
vigilia constante de toda su paz;
el soplo invisible, el leve suspiro,
que vela su senda de forma tenaz.
XIV. El Ruego de la Salud
Dios escucha mi voz, mi alegría y mi ruego,
cura todos los miedos de quien tanto adoro;
que se queme el dolor en Tu místico fuego,
y se limpie su vida cual finísimo oro.
Aleja el quebranto, la duda y la pena,
que su cuerpo sea templo de salud vital;
rompiendo en Su nombre cualquier fiel cadena,
con la fuerza divina de Tu amor total.
XV. La Nobleza del Apoyo
Concédeme, Cristo, salud y entereza,
para ser apoyo de toda su casa;
que pueda ayudarla con suma nobleza,
mientras el invierno del alma ya pasa.
Que salga adelante con toda su estirpe,
que no falte el pan, la salud ni el sosiego;
y que de su pecho la angustia se extirpe,
bajo este humilde y místico ruego.
XVI. El Honor de Vivir
Porque quiero honrarte con mi propia vida,
siendo testimonio de Tu compasión;
una entrega total, una fe decidida,
que brota del centro de mi corazón.
Y si Tú lo permites, con la vida de ella,
honraremos unidos Tu santa verdad;
siguiendo en el cielo la más clara estrella,
en un pacto eterno de integridad.
XVII. El Faro de Oro
Me quedo en la sombra, guardián del tesoro,
sin más ambición que mirar su alegría;
limpio de quejas y limpio de lloro,
esperando el paso de un nuevo gran día.
Si el Cielo decreta que sea en silencio,
mi amor será el faro que no se consume;
viviendo por ella mi propio solsticio,
ungiendo su vida con sacro perfume.
XVIII. Te amo, Señor
¡Te amo, Señor!, Roca mía y consuelo,
mi fuerza en la lucha, mi puerto y mi paz;
Tú eres el mapa que marca mi cielo,
el Dios de lo eterno, del "siempre" y "capaz".
Mañana uniremos nuestras voces al viento,
cantando el himno de Tu majestad;
agradeciendo en cada místico aliento,
Tu amor, Tu justicia y Tu inmensidad.
XIX. El Poder de la Sanación Definitiva
Hoy ruego que el fuego de esta Gran Vigilia
se haga en su cuerpo salud verdadera;
que sane su historia, que sane su estirpe,
y sea en Tu Luz una antorcha primera.
Que no queden rastros de antiguos dolores,
que el trauma se apague en el agua bendita;
y surja el milagro de nuevos colores,
en la paz del Padre que hoy la visita.
XX. La Gloria de la Pascua
¡Resucita, amada, al brillo de Dios!
que el llanto de ayer se convierta en victoria;
que unamos al Cielo nuestra sola voz,
glorificando de Cristo Su historia.
Me marcho en la paz de la frente lavada,
con la fe madura de quien sabe amar;
¡en la gloria infinita de Tu Redención,
donde el Maestro te manda sanar!
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Autor:
El hombre de la orquidea (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 5 de abril de 2026 a las 00:01
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 6

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