El Dios de mi vida tuvo dieciséis años

Milagros Gomez

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Al final, la institución santa,

la autoridad colegial

indiscutible y sacra,

es por acción la satánica:

degolla el sueño del cordero.

 

Al rebaño se le permite

sobrevivir sin cuello,

pero nunca con la cabeza bien puesta:

 

Una sociedad que es embrujo,

que, teniendo todo, es pobre,

y, presa de su ignorancia,

se agachan, se persignan

para que los garche,

siempre, la misma creencia.

 

En tu “señor” no creo.

 

Dios fui yo

cuando le hice

una imposición de manos

al suicidio

y le negué mi cuerpo.

 

El Espíritu Santo fui yo

cuando incendié la cruz

con mis dones

y le permití a mi voz

la resurrección.

 

A. C. y D. C., nada.

El Dios de mi vida

tuvo dieciséis años:

 

Fui la primera

en tenerle misericordia

a mi sagrado corazón.

  • Autor: $ERKET (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 4 de abril de 2026 a las 20:17
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 9
  • Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais
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