Ahora me parece,
y lo digo como quien se toca la herida para creerla,
que he vivido por viejos caminos que no llevaban a ninguna parte,
o tal vez a este instante
que ahora se deshace entre mis manos.
He sido muchos hombres y ninguno,
he caminado ciudades que no existen,
he amado rostros que el tiempo borró sin preguntar,
y al final, aquí estoy,
respirando esta tarde como si fuera la única verdad.
Pareciera que no hay nada aquí.
Nada, como si un instante se dispusiera a morir,
sin mirar atrás, sin nombre.
Y esta tarde, esta breve, tibia, casi inocente tarde,
en que el aire entra y sale,
como si supiera algo que yo ignoro,
como si cada respiro fuera un préstamo
que alguien vendrá a cobrarme.
Cada instante, cada anhelo,
cabe entero en la palma de la conciencia,
late, arde, y luego se vuelve memoria antes de ser vivido.
Después, siempre hay un después, aunque no exista,
mirar la realidad, la silla, la pared, el rostro en el espejo,
el silencio que se queda cuando uno termina de pensar.
Y nada más.
Nada más que este cansancio antiguo
de haber sido tanto para llegar a tan poco,
de haber cruzado siglos imaginarios
para detenerme en este segundo
que ya se está yendo.
Y sin embargo, qué extraño,
qué terco, qué inexplicable deseo de quedarse
-
Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 4 de abril de 2026 a las 13:07
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 22
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio_cuello, Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., Salvador Santoyo Sánchez, Texi

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.